Miguel Failde y el estreno en 1879 de «Las Alturas de Simpson»
Cómo la composición de un director de orquesta matancero llegó a marcar el nacimiento del danzón cubano
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El danzón ostenta la condición de género y baile nacional oficial de Cuba, una forma de pareja lenta y formal, escrita en compás binario, cuyo paso establecido se enhebra en torno a acentos sincopados mientras las parejas hacen una pausa para escuchar pasajes instrumentales de virtuosismo.[1] Interpretado históricamente por una charanga o un conjunto típico, combina el movimiento mesurado con una orquestación elaborada de un modo que lo distinguía de los bailes de salón más animados que lo precedieron.[1] El marcador convencional de la llegada del género como forma reconocible es el año 1879, cuando el músico matancero Miguel Failde vio interpretar por primera vez en esa ciudad su composición «Las alturas de Simpson», un acontecimiento que los historiadores consideran el momento en que el danzón surgió como algo genuinamente nuevo y no como una variación del repertorio existente.[1]
El género que Failde ayudó a codificar no apareció sin ascendencia, pues creció directamente a partir de la contradanza cubana, conocida también como la habanera o «danza de La Habana».[1] Aquella forma anterior descendía del country dance europeo y de la contredanse francesa, llevados muy probablemente a la isla por los españoles durante su largo dominio colonial, y posiblemente reforzados durante la breve ocupación británica de La Habana en 1762.[1] Una corriente adicional llegó con los refugiados haitianos que huían de la revolución de 1791 a 1804, quienes trajeron una kontradans franco-criolla y su propia inflexión sincopada.[1] En suelo cubano, estos bailes de derivación europea absorbieron rasgos rítmicos y coreográficos de origen africano, dando lugar a una verdadera fusión cuyos rasgos africanos afloran en los contrarritmos escalonados del cinquillo y el tresillo, dispuestos en capas a lo largo de la textura instrumental.[1]
Esta filiación forma parte de una historia coreográfica cubana más amplia que se remonta a antes del contacto europeo, hasta el areíto indígena, ceremonias que combinaban danza y ritual y de las que se conserva poco registro detallado.[2] Después de que la colonización española introdujera formas como la contredanse francesa, la contradanza cubana resultante se convirtió en un tronco matriz del que se ramificó una secuencia de bailes de salón a lo largo de los siglos XIX y XX, entre ellos el danzón, seguido más tarde por el mambo y el cha-cha-chá.[2] Paralelamente a estos desarrollos de salón, las tradiciones de danza traídas por los africanos occidentales esclavizados y por las personas de la cuenca del Congo dieron origen a formas religiosas y seculares, y la eventual mezcla de elementos europeos y africanos sustentaría buena parte de lo que observadores posteriores reconocieron como técnica cubana.[2]
Las circunstancias concretas del estreno afinan el panorama histórico. Según un relato académico, la formación temprana del danzón, surgida del sincretismo de la contradanza y la danza europeas con el ritmo afrocubano, se sitúa aproximadamente dentro de la década de 1868 a 1878, pero fue el matancero Miguel Failde y Pérez quien llevó por primera vez el idioma acabado ante el público.[4] Esa misma fuente ubica el debut de «Las Alturas de Simpson» el primer día de enero de 1879 en El Liceo de Matanzas, presentando la obra ya en una forma y un estilo concebidos, en palabras del autor, para que todos pudieran bailarla.[4] La convergencia de un escenario matancero, una fecha precisa y un compositor con nombre dota al danzón de un punto de origen inusualmente concreto para un género popular, aun cuando la fusión subyacente llevaba años madurando de antemano.[4]
Las consecuencias de ese surgimiento alcanzaron mucho más allá de los salones de la Matanzas de finales del siglo XIX. A lo largo del siglo siguiente, el danzón interactuó con géneros cubanos más nuevos como el son, y a través del híbrido danzón-mambo resultó decisivo en el auge tanto del mambo como del cha-cha-chá.[1] El género también perduró como forma musical activa fuera de Cuba, arraigando en Estados Unidos y Puerto Rico, donde contribuyó a la corriente más amplia de los estilos de salón y latinos de raíz cubana.[1] Visto junto al descenso paralelo de la contradanza hacia el mambo y el cha-cha-chá, el trabajo de Failde ocupa una encrucijada fundamental en una genealogía que enlaza el baile de salón colonial con los ritmos cubanos más exportados del siglo XX.[2]
La memoria de esa fundación ha seguido siendo una preocupación viva en la propia Matanzas. En 2012, el descendiente Ethiel Failde fundó la Orquesta Failde, llamada también Orquesta Miguel Failde, invocando explícitamente el linaje del hombre a quien se atribuye la creación del primer danzón, «Las Alturas de Simpson».[3] Tales actos de conmemoración se inscriben dentro de una tendencia académica más antigua, advertida en los estudios sobre la música popular del Caribe, a privilegiar los géneros de base nacional y folclórica al rastrear la identidad musical, un encuadre que ha moldeado cómo se recuerda a figuras fundacionales como Failde y cómo se posicionan frente a ellas las formas transnacionales posteriores.[5] El contraste es instructivo: mientras que el danzón se ancla a una sola ciudad, un compositor y una fecha, géneros como la salsa se han entendido como productos de rutas dispersas y globales más que de cualquier origen nacional único.[5]
Referencias
- 1.Danzón - Wikipedia — en.wikipedia.org, lede; '1879' paragraph
- 2.Dance from Cuba - Wikipedia — en.wikipedia.org, overview paragraph
- 3.Orquesta Failde — Wikipedia contributors, Wikipedia, opening sentence
- 4.Martí no debió morir... y Juaréz tampoco — Carlos Véjar Pérez-Rubio, Archipiélago. Revista cultural de nuestra América, 2011, main excerpt
- 5.Creating salsa, claiming salsa: Identity, location, and authenticity in global popular music — William Guthrie LeGrand, UNI ScholarWorks (University of Northern Iowa), 2010, abstract