Danzón: panorama general
Un género cubano en la bisagra entre la danza de salón europea y la música popular afrocubana
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El danzón ocupa un lugar fundacional en la historia musical del Caribe, pues funciona a la vez como género musical escrito y como baile social de pareja.[1] Surgió en la isla de Cuba, cuya cultura musical había estado moldeada desde el siglo XVI por el encuentro entre las formas ibéricas traídas por los colonos españoles y las tradiciones rítmicas y vocales portadas por los africanos esclavizados.[2] De ese largo proceso de criollización el danzón cristalizó en la última parte del siglo XIX como una música elegante, impulsada por lo instrumental, que tendía un puente entre el salón y el salón de baile. Los estudiosos lo consideran una bisagra entre el repertorio más antiguo de origen europeo del período colonial y los géneros populares de percusión al frente que dominarían el siglo XX, y su estudio ha atraído en consecuencia la atención de musicólogos que trabajan a lo largo de la región circuncaribeña más amplia.[7]
Para comprender el danzón hay que considerar primero la contradanza, el género del que descendió. En la Cuba del siglo XIX la contradanza, abreviada después como danza, era con un margen considerable la música más extendida y característicamente nacional, y sirvió de semillero para una extraordinaria gama de formas posteriores.[3] El mismo linaje que produjo la habanera que se escucha en la ópera europea produjo también, a través de la continuación directa de la danza, el danzón mismo, y del danzón descendieron a su vez el mambo y el chachachá.[3] Esta genealogía replantea los relatos habituales de la música cubana, ya que géneros a menudo atribuidos a la práctica folclórica rural del oriente pueden rastrearse en cambio hasta la contradanza urbana de La Habana y Santiago. El danzón se erige así menos como una invención aislada que como un eslabón decisivo en una cadena de bailes emparentados.
El sonido instrumental del danzón lo distingue netamente tanto de sus predecesores como de sus sucesores. Mientras que las contradanzas anteriores eran ejecutadas por una variedad de conjuntos, el danzón quedó asociado con la charanga, la orquesta de flauta y violines cuyo timbre definió la ligereza característica del género.[5] Los historiadores de la música cubana trazan una evolución instrumental continua en la que el danzón marca una etapa decisiva, con su sonoridad transformada después conforme el género desembocaba directamente en el chachachá.[5] Maya Roy, al examinar esa misma trayectoria, plantea el danzón como un tránsito que va desde la cuadrilla europea hasta el cha-cha-cha, subrayando cómo un solo género podía absorber una herencia cortesana y legar una popular.[4] La comparación con la cuadrilla resulta instructiva: donde la cuadrilla organizaba a los bailadores en figuras fijas, el danzón fue aflojando gradualmente esa geometría hacia la pareja independiente.
La recepción del danzón a lo largo del siglo XX revela su durabilidad dentro del repertorio cubano más amplio. Los conjuntos de gira que definieron el sonido comercial de la isla, entre ellos La Sonora Matancera, llevaron el danzón junto al son, el bolero, el chachachá y el mambo, tratándolo como un pilar dentro de un catálogo de baile versátil más que como una pieza de museo.[6] Esa persistencia es notable porque el danzón coexistió con los mismísimos géneros que había contribuido a engendrar, de modo que el público podía escuchar al progenitor y a la descendencia en un mismo programa. Roy sitúa el danzón bajo el encabezado de "prehistoria y posteridad", una frase que capta su doble identidad como ancestro y como superviviente a la vez.[4]
La erudición moderna se ha resistido cada vez más a leer el danzón como un fenómeno estrechamente cubano. El estudio de Alejandro Madrid lo plantea en cambio como el producto de diálogos que cruzaron la cuenca del Caribe, circulando entre Cuba y México y hacia las comunidades de la diáspora más allá.[7] Quienes han reseñado esa obra han subrayado de manera similar su alcance transnacional, tratando el danzón como un estudio de caso sobre cómo la música y el baile viajan y se rehacen en nuevos entornos.[8] Esta perspectiva circuncaribeña complica los relatos nacionalistas más antiguos, ya que sitúa el sentido del género no en un único punto de origen, sino en las redes de intérpretes, públicos y locales por las que se desplazó.
Consideradas en conjunto, estas líneas presentan el danzón como un género de inusual peso histórico. Sintetizó los materiales españoles y africanos que llevaban siglos combinándose en suelo cubano, heredó las figuras de la contradanza a la vez que refinaba su propia arquitectura musical más lenta y más seccional, y transmitió esa arquitectura hacia el mambo y el chachachá que conquistarían las pistas de baile de mediados de siglo.[3] La instrumentación del género, anclada en la charanga, le dio una firma acústica reconocible aun cuando su coreografía evolucionaba hacia una mayor intimidad entre la pareja.[5] Para los estudiosos del baile social latino el danzón ofrece por ello un mirador poco común: una forma única y bien documentada a través de la cual puede observarse casi en su totalidad el largo tránsito desde la danza de salón europea hasta la música popular afrocubana.[1]
Referencias
- 1.danzón — Wikidata contributors, Wikidata
- 2.Música de Cuba — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 3.Cuba: From Contradanza to Danzon — Peter Manuel, CUNY Academic Works (City University of New York), 2009
- 4.Cuban music : from son and rumba to The Buena Vista Social Club and timba cubana — Roy, Maya, 2002
- 5.The sounds of Cuban music. Evolution of instrumental ensembles in Cuba — Armando Rodríguez Ruidíaz
- 6.La Sonora Matancera — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 7.Danzon: Circum-Carribean Dialogues in Music and Dance — Alejandro L. Madrid, 2013
- 8.Danzon: circum-Caribbean dialogues in music and dance — Choice Reviews Online, 2014