Bailar

Celia Cruz

La Guarachera de Cuba y la Reina de la Salsa, 1925–2003

Pioneers4 min de lectura8 citas

Celia Caridad Cruz Alfonso, la vocalista nacida en La Habana a quien se le llamó la Reina de la Salsa, ocupa un lugar singular en la música latina del siglo XX como la intérprete femenina más destacada del género y como uno de sus símbolos más perdurables del exilio cubano.[1] Pertenece a una generación de artistas afrocubanos que se formaron en el denso clima musical de la isla antes de mediados del siglo, y luego trasladaron ese repertorio a la industria discográfica de la diáspora en México y los Estados Unidos; a lo largo de aproximadamente seis décadas vendió más de treinta millones de discos, una producción que la situó entre los artistas latinos más vendidos de su época.[2] Su trayectoria, por lo tanto, sigue dos historias a la vez: la evolución interna de las formas de baile cubanas y la migración externa de esas formas a través del Caribe y hacia el mercado urbano norteamericano.

La reputación temprana de Cruz se construyó no sobre la salsa, que aún no existía como etiqueta comercial, sino sobre la guaracha, la forma de canción acelerada de La Habana que le valió el cariñoso título La Guarachera de Cuba durante los años 50.[2] Su asociación formativa fue con el conjunto Sonora Matancera, una alianza que perduró quince años y produjo un amplio catálogo de sencillos que abarcaban son, rumba, bolero y los géneros devocionales afrocubanos que había absorbido de niña.[2] Esa amplitud estilística la sitúa dentro de la línea más amplia de la música de baile afrocubana que los estudiosos han rastreado desde la forma del son hasta el jazz latino, una tradición en la que Cruz se presenta regularmente como una intérprete principal junto a instrumentistas como Cachao López y Mongo Santamaría.[3] La estética del sabor, central a ese cuerpo musical, provee un vocabulario crítico para comprender lo que sus contemporáneos valoraban en su interpretación.

La ruptura política de la Revolución Cubana remodeló su carrera tan decisivamente como cualquier elección artística. Cuando la industria musical fue nacionalizada, Cruz abandonó su patria en 1960 y nunca regresó, trabajando primero en México antes de adoptar a los Estados Unidos como su residencia permanente.[2] La transición no fue fluida. Cuando llegó a Nueva York a principios de los años 60, el público allí tendía a considerar su sonido fuera de sintonía con sus gustos predominantes, una recepción que un historiador caracteriza como una casi desestimación de su relevancia.[4] Fue el movimiento de orgullo étnico de la década siguiente el que la reconfiguró, permitiéndole emerger, a principios de los años 70, como la única superestrella femenina del nuevo sonido pancaribeño que se comercializaba como salsa.[4]

Su integración a ese movimiento se dio mediante la colaboración y una nueva discográfica. Al trabajar con Tito Puente en los años 60, incorporó el número emblemático "Bemba colorá" a su repertorio, pieza que luego los antólogos catalogarían entre los estándares del repertorio de salsa.[5] Tras firmar con Fania Records en los años 70, se volvió inseparable del auge comercial del género, grabando éxitos como "Quimbara", actuando con los Fania All-Stars y asociándose con figuras como Johnny Pacheco y Willie Colón.[2] En comparación con sus años en La Habana, esta fase transformó a una especialista en guaracha en la soberana materna de un estilo urbano y multinacional cuyo público era puertorriqueño, cubano, dominicano y cada vez más angloamericano.

La evaluación académica de Cruz se ha centrado menos en su discografía que en lo que su figura pública representaba. Una línea de análisis la examina como un sitio de identidad transnacional, argumentando que su repertorio y su persona escénica negociaron su exilio cubano frente a una pertenencia hemisférica y latinoamericana más amplia, mientras que su afirmación de la negritud afrocubana fue tanto transformada por como transformadora de su trabajo con colaboradores afroamericanos.[6] Una lectura complementaria de la cobertura que siguió a su fallecimiento sostiene que su elevación a ícono panlatino llevaba estereotipos incrustados de la mujer negra, revelando el incómodo lugar de la negritud dentro de las concepciones de la latinidad.[7] Tales estudios la tratan no meramente como una artista sino como una figura disputada a través de la cual se debaten cuestiones de raza, nación y cruce cultural.

Su red profesional ilustra además la densidad de la escena latina de mediados del siglo. Cruz grabó a lo largo de las décadas con muchos de los directores de banda e instrumentistas más destacados del campo, un listado preservado en discografías de los estudios de Nueva York y La Habana que la vinculan a intérpretes desde Machito y Tito Rodríguez hasta los cantantes de sesión de la época.[8] Al cierre de su vida, su frase característica "¡Azúcar!" se había convertido en un emblema reconocible de la música, y grabaciones tardías como "La vida es un carnaval" y "La negra tiene tumbao" ampliaron su relevancia a nuevas audiencias, mientras dos Premios Grammy y tres Premios Latin Grammy formalizaron un legado que sus treinta y siete álbumes de estudio ya habían asegurado.[2] En suma, Cruz se sitúa en la intersección de la tradición afrocubana, la política del exilio y la invención comercial de la salsa, una convergencia que pocos de sus contemporáneos encarnaron tan completamente.

Referencias

  1. 1.Celia CruzWikidata contributors, Wikidata
  2. 2.Celia CruzWikipedia contributors, Wikipedia
  3. 3.From Afro-Cuban Rhythms to Latin JazzRaul Fernandez, 2006
  4. 4.Celebrity, "Crossover," and Cubanidad: Celia Cruz as "La Reina de Salsa," 1971-2003Christina D. Abreu, Latin American Music Review, 2007
  5. 5.The Latin real book : the best contemporary & classic salsa, Brazilian music, Latin jazz1997
  6. 6.THE BLACKNESS OF SUGAR: CELIA CRUZ AND THE PERFORMANCE OF (TRANS)NATIONALISMFrances R. Aparicio, Cultural Studies, 1999
  7. 7.The Death of “la Reina de la Salsa:” Celia Cruz and the Mythification of the Black WomanMonika Gosin, Palgrave Macmillan US eBooks, 2016
  8. 8.Willie Torres DiscographyEdwin Garcia, Esq., 2013