Charanga Habanera
El conjunto habanero de David Calzado y el auge de la timba
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La Charanga Habanera ocupa un lugar central en la historia de la timba, el estilo de música contemporánea afrocubana de baile que cristalizó en La Habana a principios de los años 90.[1] Dirigida por el director de orquesta David Calzado, el conjunto se convirtió en una de las agrupaciones de timba más populares de la isla, con giras por Japón, México, Argentina, Perú y Estados Unidos, sin dejar de mantenerse anclada en los salones de baile de la capital cubana.[2] Los estudiosos sitúan la timba dentro de un largo linaje de géneros cubanos que alcanzaron proyección transnacional, una secuencia que va desde la habanera del siglo XIX, pasando por el son, el mambo, el cha-cha-chá y la música de son de base charanguera, antes de llegar al estallido de la timba en los años 90.[3]
El nombre del grupo apunta a su concepto inicial más que a su sonido maduro. Fundado en 1988 por jóvenes músicos recién egresados de las escuelas de arte de Cuba, el proyecto se propuso revivir el formato de charanga —un conjunto de baile de flauta y violines que había florecido en los años 40 y 50— y resultó lo bastante popular como para extenderse mucho más allá de su duración prevista.[4] El término charanga señala así un acercamiento deliberado a una tradición cubana más antigua, aun cuando los músicos de Calzado pronto llevaron el formato hacia algo mucho más agresivo. A finales de los años 80, una modernización paralela del son cubano, emprendida bajo la etiqueta songo por Los Van Van, Irakere y NG La Banda, ya evolucionaba hacia la timba, el estilo con el que la Charanga Habanera quedó identificada.[5]
Desde el punto de vista musical, la timba se aparta marcadamente de la pulida salsa de Nueva York. Los comentaristas la han caracterizado como una variedad de música cubana de baile de inflexión funk, que absorbe los grooves percusivos y el impulso conducido por el bajo del funk afroamericano dentro de un marco basado en el son.[6] El primer gran éxito de la Charanga Habanera, el hit "Me sube la fiebre", consolidó a la banda como uno de los conjuntos de timba más populares de la isla, y la alineación relativamente estable de este período produjo cuatro grabaciones hoy consideradas históricamente significativas dentro del género.[7]
La trayectoria de la banda estuvo marcada tanto por la controversia como por la aclamación. En 1997, la Charanga Habanera presentó un número escénico atrevido en la televisión nacional en vivo durante el Festival de la Juventud y los Estudiantes, lo que provocó una suspensión estatal de seis meses y una reprimenda oficial de sus letras y coreografía por considerarlas "vulgares".[8] Tal fricción era característica de la relación de la timba con las autoridades cubanas, pues el género celebraba con frecuencia la figura del especulador —un fanfarrón ostentoso que exhibía una riqueza real o imaginaria— en un momento en que la economía pospost soviética dejaba a muchos afrocubanos luchando por llegar a fin de mes.[9]
La rotación de personal se convirtió en un rasgo definitorio de la historia posterior de la banda. Tras la suspensión de 1997, las salidas de cantantes principales e instrumentistas culminaron en una deserción casi total en 1998, de la cual surgió el grupo escindido Charanga Forever, mientras Calzado se reconstruía rápidamente en torno a nuevos talentos.[10] Entre las figuras más influyentes del conjunto reconstituido estuvo el pianista Tirso Duarte, cuyos tumbaos densamente sincopados se nutrían del repertorio clásico —improvisando variaciones de timba sobre Chopin, por ejemplo— y ejemplificaban la audacia armónica que distinguía al estilo.[11]
La Charanga Habanera no desarrolló la timba de manera aislada. Junto a NG La Banda, Los Van Van y Bamboleo, perteneció al grupo de bandas habaneras a las que se atribuye haber popularizado el género durante los años 90, una escena cuya ambición llevó a un destacado músico de jazz a calificar a la timba entre las más inteligentes de la música popular contemporánea.[12] La prominencia de la banda también reflejaba el perdurable alcance internacional de la música cubana, una tradición a través de la cual los estilos isleños sembraron repetidamente formas afines en el extranjero, desde la salsa hasta el soukous de África Central y el mbalax de Senegal.[13]
A principios de los años 2000, la banda había obtenido un reconocimiento más amplio, al recibir una nominación al Latin Grammy en 2003 por el álbum "Live in the U.S.A.", junto a numerosos galardones de premios de la industria cubana como Cubadiscos y Lucas.[14] Las obras de referencia sobre música cubana consagraron debidamente al conjunto, con estudios que incluyen a "David Calzado y la Charanga Habanera" entre los principales actos de la era posrevolucionaria.[15] En años posteriores, la timba competiría por las lealtades de la juventud cubana con el reggaeton, cuya imaginería ostentosa y transnacional generó sus propios conflictos con la política cultural estatal y con los géneros cubanos establecidos —un eco de las mismas controversias que la Charanga Habanera había encendido una década antes.[16]
Referencias
- 1.Timba — Vincenzo Perna, 2013
- 2.Charanga Habanera — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 3.Cuban Music: A Review Essay — David F Garcia, Notes, 2005
- 4.Charanga Habanera — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 5.Salsa music — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 6.Funk — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 7.Charanga Habanera — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 8.Charanga Habanera — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 9.Rebel Dance, Renegade Stance: Timba Music and Black Identity in Cuba by Umi Vaughan — Sarah Town, Cuban studies, 2017
- 10.Charanga Habanera — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 11.Charanga Habanera — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 12.Timba — Vincenzo Perna, 2013
- 13.Cuban Music: A Review Essay — David F Garcia, Notes, 2005
- 14.Charanga Habanera — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 15.The rough guide to Cuban music — Sweeney, Philip, 2001
- 16.Reguetón en Cuba: censura, ostentación y grietas en las políticas mediáticas — Simone Luci Pereira, Palabra Clave, 2019