Fania Records como momento cultural
Cómo un sello neoyorquino cristalizó las tradiciones musicales caribeñas en el idioma comercial llamado salsa
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Fania Records se comprende mejor no como el inventor de un sonido, sino como el crisol comercial en el que una herencia musical caribeña más antigua adquirió un nombre comercializable y un público metropolitano. La música que el sello promovía descendía directamente del son montuno que Arsenio Rodríguez desarrolló en Cuba durante los años 40, un género cuyos propios orígenes se hallaban en la rural provincia oriental de Oriente y, en particular, en torno a Santiago de Cuba.[1] Tratar al sello como un momento cultural exige, por lo tanto, situarlo al final de una larga cadena de transmisión más que en su comienzo, puesto que los materiales rítmicos y armónicos que vendió a Nueva York y al mundo en general llevaban décadas madurando en el Caribe hispano antes de que ninguna funda de disco llevara la palabra salsa.[1]
El estrato más profundo de esa herencia es africano. Pueblos provenientes principalmente del Kongo, de los yoruba y de diversos grupos bantúes y emparentados llevaron la polirritmia, el canto de llamada y respuesta, los tambores parlantes y el ritual percusivo al Caribe, con Cuba y Puerto Rico entre los principales destinos.[2] Estos elementos, fusionados con la práctica musical española, ya habían generado son, rumba y mambo mucho antes de que existiera ningún sello neoyorquino, de modo que la música que Fania comercializaría más tarde descansaba sobre un sustrato que precedía al momento comercial en generaciones.[2] La trascendencia del sello reside en cómo reunió esta herencia dispersa y la presentó a las audiencias urbanas como una sola categoría vendible.
Desde el punto de vista formal, la mayoría de las piezas clasificadas como salsa se construyen sobre el son montuno, tomando ingredientes texturales del son cubano, la rumba y el mambo, del cha-cha-chá y el bolero, así como del merengue, la plena, la bomba y la pachanga.[3] Lo que distinguía al repertorio neoyorquino era la manera en que estos géneros anteriores se adaptaban y fusionaban de modo que un intérprete podía moverse entre ellos sin costuras audibles, tratando una batería de formas caribeñas distintas como una paleta continua.[3] Esta capacidad de transición fluida fue un logro estilístico de los directores de banda y arreglistas del período, y es la cualidad que las grabaciones de la época preservaron y difundieron con mayor eficacia.
La propia palabra salsa fue, en sus orígenes, una etiqueta comercial aplicada a varios estilos de música caribeña hispana más que la descripción de un único género, y solo más tarde se endureció hasta convertirse en un estilo musical considerado uno de los pilares de la cultura hispanoamericana.[4] Este desplazamiento semántico es central para cualquier relato de Fania como momento cultural, porque el aparato promocional del sello operaba precisamente en la costura entre el término de mercadeo y la realidad musical.[4] La propia palabra española significa salsa de cocina, y la ruta por la cual una metáfora culinaria llegó a nombrar un cuerpo de música ha sido objeto de disputa entre escritores e historiadores.[5]
Una genealogía, propuesta por el musicólogo Max Salazar, remonta la conexión hasta 1930, el año en que un director de banda cubano, Ignacio Piñeiro, escribió el número "Échale salsita", una frase leída como una exhortación a la banda para que elevara el tempo y empujara con más fuerza a los bailadores.[6] Una aparición impresa aparte se dio en 1965, cuando Johnny Pacheco imprimió el término en el LP "Pacheco Te Invita A Bailar", dentro de una guaracha titulada "Salsa" cuya letra trataba de tamales y salsa picante.[7] La coexistencia de estas etimologías rivales subraya que el término fue ganando arraigo de manera gradual, de modo que para cuando un sello pudo construir una marca en torno a él la palabra ya cargaba con varias capas de asociación.[7]
La geografía humana del momento se concentró en la ciudad de Nueva York durante los años 70, donde las bandas que se identificaban como de salsa eran formadas predominantemente por músicos cubanos, dominicanos y puertorriqueños.[8] Entre las figuras que definieron esta escena estaban Héctor Lavoe, Machito, Johnny Pacheco, Rubén Blades, Willie Colón y Celia Cruz, una nómina que tendía puentes entre generaciones y tradiciones nacionales dentro de una sola metrópoli migrante.[8] La presencia de artistas provenientes de todo el Caribe hispano es en sí misma la sustancia cultural del momento, puesto que la coherencia de la música surgió del encuentro de estas comunidades en los distritos de Nueva York más que de la tradición de una sola isla.[8]
Fania Records se ubicaba en el centro institucional de este florecimiento metropolitano, y la documentación que ha sobrevivido vincula a la compañía con el productor Jerry Masucci, quien dirigía el sello y a cuya nómina se sumaban colaboradores externos.[9] El intérprete nacido en La Habana Tony Cortes, por ejemplo, figura como habiendo producido para Fania Records con Masucci, así como para el sello estatal cubano EGREM, un detalle que ilustra cómo la órbita de la compañía alcanzaba a músicos cuyas carreras también tocaban la propia isla.[9] El registro de referencia es más escaso en lo relativo al funcionamiento interno del sello que en lo relativo a las carreras de sus artistas, y un historiador cuidadoso debe por ello reconstruir el papel de Fania en parte a través de las personas que pasaron por ella.[9]
La contribución más profunda del sello fue convertir una conveniencia de mercadeo en una categoría cultural duradera. Como el nombre salsa había comenzado su existencia como un paraguas comercial para estilos caribeños hispanos distintos, la labor de una compañía discográfica neoyorquina en los años 70 fue tanto un acto de creación de marca como de musicalidad, al fijar un solo estandarte sobre una música que antes había circulado bajo nombres más antiguos y específicos.[4] Que el término llegara después a oírse como un estilo por derecho propio, y no como una etiqueta de venta, mide el éxito de esta empresa y explica por qué el período se recuerda como un momento de consolidación más que de invención.[4]
El canon más amplio en el que operaba Fania incluía a estadistas mayores cuya estatura precedía al punto álgido comercial del sello. Tito Puente, director de banda y productor discográfico cuya carrera abarcó más de cinco décadas, fue honrado con títulos como "Rey de la música latina" y "Rey de los timbales", un reconocimiento que sitúa el momento de la salsa dentro de un linaje más largo de liderazgo orquestal latino.[10] La acumulación de premios Grammy y honores vitalicios por parte de Puente demuestra que la escena neoyorquina descansaba sobre el prestigio de percusionistas y arreglistas consagrados, de modo que el auge comercial de los años 70 se nutría de reputaciones construidas a lo largo de las décadas de la posguerra.[10]
La difusión de esta música más allá del Caribe y de los Estados Unidos puede vislumbrarse en rincones inesperados del pop europeo. La banda gallega Golpes Bajos, formada en Vigo en 1982, contaba entre sus fundadores con músicos que recordaban que les gustaba la música negra y latina "como Motown y Fania", un testimonio de paso que coloca el nombre del sello dentro del mundo de escucha de la juventud española una década después del punto álgido neoyorquino.[11] Que una compañía discográfica enraizada en la diáspora caribeña hispana sea citada junto a Motown por un grupo español de provincia indica con cuánta profundidad había entrado su catálogo en el vocabulario transnacional de la música popular.[11]
El momento cultural se desplegó también frente a una modernización paralela del son cubano dentro de la propia Cuba. Mientras las bandas neoyorquinas consolidaban la salsa, conjuntos como Los Van Van, Irakere y NG La Banda desarrollaron el songo, que para finales de los años 80 evolucionó hacia la timba en manos de artistas como la Charanga Habanera, y estos estilos también se agrupan hoy bajo la etiqueta de salsa.[12] Aunque el embargo de los Estados Unidos limitaba el intercambio directo, el tráfico continuo de influencias entre los músicos de dentro y de fuera de Cuba siguió siendo innegable, de modo que el momento comercial neoyorquino nunca fue del todo separable de los desarrollos en la isla.[12]
El legado de este período se extendió hasta finales del siglo XX, cuando la música latina alcanzó un nuevo orden de visibilidad mayoritaria. El éxito de Ricky Martin a finales de los años 90 se lee generalmente como el comienzo de la llamada explosión latina, una ola que incorporó la salsa entre los géneros llevados al pop global junto al pop latino, la música dance y el reggaeton.[13] La consolidación comercial anterior de la salsa como un estilo reconocible aportó parte de la infraestructura cultural de la que dependió esta posterior masificación, puesto que el nombre y el repertorio del género ya eran categorías establecidas para cuando llegó la explosión.[13]
Tanto la recepción como la historiografía aconsejan cautela respecto a los contornos precisos del momento. Las etimologías rivales de la palabra salsa, el desacuerdo entre los escritores sobre cómo un término culinario migró a la música y las lagunas del registro documental relativas a la historia interna del sello indican todos que buena parte del relato del período descansa sobre la tradición oral y la reconstrucción posterior más que sobre una certeza archivística contemporánea.[5] Los estudiosos discrepan en consecuencia sobre cuánto crédito corresponde a la creación de marca comercial y cuánto a los músicos, una tensión que las fuentes de referencia disponibles agudizan sin resolver.[6]
Lo que permanece incontestable es que la música reunida bajo el estandarte de Fania descendía de una herencia afrocaribeña de polirritmia y de llamada y respuesta, fue cristalizada por músicos cubanos, puertorriqueños y dominicanos en la Nueva York de los años 70, y adquirió mediante la promoción comercial un nombre que desde entonces se ha convertido en uno de los pilares de la cultura hispanoamericana.[8] La importancia perdurable del sello reside en esta conversión de una tradición dispersa en una categoría coherente y exportable, una transformación cuyos ecos pueden rastrearse desde las calles de Nueva York hasta las escenas pop de Galicia y hasta la explosión latina del final del siglo.[11] Como momento cultural, entonces, Fania marca menos la creación de un sonido que el instante en el cual una herencia musical de siglos entró en el mercado global bajo un solo nombre.[4]
Referencias
- 1.Salsa | Music, Meaning, Definition, Dance, History, & Facts | Britannica — www.britannica.com
- 2.Salsa music — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 3.Salsa music — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 4.Salsa | Music, Meaning, Definition, Dance, History, & Facts | Britannica — www.britannica.com
- 5.Salsa | Music, Meaning, Definition, Dance, History, & Facts | Britannica — www.britannica.com
- 6.Salsa music — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 7.Salsa music — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 8.Fania Records: How a New York Label Took Salsa to the World | uDiscover Music
- 9.Tony Cortes — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 10.Tito Puente, The King of Latin Music | Classic FM
- 11.Golpes Bajos — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 12.Salsa music — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 13.GRAMMY Rewind: Ricky Martin Ushers In the Latin Explosion (1999) | GRAMMY.com