Bailar

La evolución de la velocidad caleña

La aceleración de la salsa en el corredor del Pacífico suroccidental de Colombia y sus raíces culturales afrolatinoamericanas

Modern era8 min de lectura14 citas

La evolución de la velocidad caleña describe la aceleración gradual y la especialización estilística de la salsa a medida que arraigó en Cali, una ciudad contada entre los principales centros urbanos de Colombia.[1] El fenómeno se entiende mejor no como una invención dancística aislada, sino como la refracción local de una corriente musical transnacional dentro de una geografía particular. El territorio continental de Colombia da al océano Pacífico al oeste y al mar Caribe al norte, una doble orientación marítima que situó a sus ciudades como receptoras de las corrientes que se movían entre las Antillas y el interior sudamericano.[2] Cali, ubicada tierra adentro respecto del Pacífico en el suroccidente del país, aprovechó esta circulación al tiempo que la filtraba a través de sensibilidades locales. El resultado, hacia finales del siglo XX, fue una manera regional de bailar salsa cuyo rasgo definitorio —la velocidad extrema en los pies— la distinguía con nitidez de los modelos caribeños más lentos, aun cuando el repertorio subyacente seguía siendo compartido.

Para situar la forma, primero hay que localizar la región cultural que da a la salsa su nombre y su coherencia imaginada. América Latina se define menos por la geografía que por la identidad cultural, una región donde predominan las lenguas romances, principalmente el español y el portugués.[4] La categoría es célebremente elástica, y comúnmente se entiende que abarca a la América hispana junto con Brasil, y que se extiende por el Caribe, América Central y América del Sur.[10] La salsa como etiqueta panregional pertenece a este mismo campo de identidad compartida pero disputada, y la adaptación que hizo Cali de ella puede leerse como un nodo dentro de una red de estilos locales que reclamaban cada uno el género al tiempo que lo remodelaban. La autodenominación regional del baile refleja un hábito más amplio de autodefinición cultural que los estudiosos rastrean muy atrás en la historia intelectual de la región.

El propio término que enmarca la región acarrea una genealogía disputada que resulta instructiva para entender cómo los idiomas dancísticos adquieren adjetivos regionales. El nombre «América Latina» surgió por primera vez en 1856 durante una reunión convocada en París, donde el político chileno Francisco Bilbao lo acuñó para describir a las naciones unidas por una herencia cultural y lingüística compartida.[7] Aún antes, en los años 1830, el sansimoniano francés Michel Chevalier había postulado que una porción de las Américas estaba poblada por una llamada «raza latina» capaz de aliarse con la Europa latina.[13] Así como el nombre regional emergió de una superposición de proyección externa y reclamo interno, los estilos regionales de salsa —el de Cali el primero entre ellos por su reputación de velocidad— emergieron de una superposición comparable de grabaciones importadas y apropiación local.

El sustrato afrodiaspórico es indispensable para cualquier relato de por qué la salsa floreció como lo hizo en Colombia. El rico patrimonio cultural del país refleja una fusión de elementos traídos por la inmigración europea y de Medio Oriente con los aportados por la diáspora africana y las tradiciones de las civilizaciones indígenas anteriores a la colonización.[3] La ubicación de Cali cerca del litoral del Pacífico, una costa históricamente asociada con sustanciales poblaciones afrocolombianas, situó a la ciudad en proximidad a comunidades cuya herencia rítmica alimentó directamente el baile popular.[14] Las historias orales de la escena dancística de la ciudad atribuyen de manera consistente su intensidad rítmica a esta presencia afropacífica, aunque ningún documento contemporáneo fija por sí solo el momento de la transmisión, y el peso relativo de la radio caribeña, los músicos migrantes y las tradiciones percusivas locales sigue siendo una cuestión que los estudiosos continúan ponderando.

La geografía también condicionó el entorno urbano en el que maduró el estilo. Bogotá, el distrito capital, es la ciudad más grande del país y su principal centro financiero y cultural, mientras que Cali se ubica dentro de una constelación de otras grandes áreas urbanas que incluye a Medellín, Barranquilla y Cartagena.[11] Colombia abarca más de 1,1 millones de kilómetros cuadrados y sostiene una población de aproximadamente cincuenta y dos millones, con una de las economías más grandes de América del Sur.[8] La escala de estas ciudades proporcionó la densidad de población, los locales y el mercado de consumo que requiere toda cultura dancística sostenida. La contribución particular de Cali fue convertir esta infraestructura urbana en un laboratorio del tempo, donde la estética predominante valoraba la rapidez por encima del fraseo más asentado y deliberado que se favorecía en otros lugares.

La lengua y la identidad enmarcan además la confianza cultural con la que Cali afirmó su versión del género. El español es la lengua oficial de Colombia, aunque el criollo, el inglés y otras sesenta y cuatro lenguas gozan de reconocimiento regional, una pluralidad que señala el carácter estratificado de la cultura nacional.[5] La insistencia en que la pertenencia latinoamericana descansa en la identidad cultural antes que en la geografía estricta ayuda a explicar por qué una ciudad sudamericana, lejos de las cunas cubana y puertorriqueña de la salsa, pudo no obstante reclamar de manera autorizada la forma.[4] Los bailadores de Cali no se consideraban imitadores del Caribe, sino participantes plenos de un patrimonio regional compartido, y la velocidad de su trabajo de pies funcionaba casi como una firma de pertenencia local.

El profundo horizonte temporal del territorio aporta perspectiva sobre lo reciente del fenómeno dancístico. Los pueblos y culturas indígenas han ocupado lo que hoy es Colombia desde no más tarde del 12.000 a. C., y los españoles desembarcaron en La Guajira en 1499 antes de colonizar buena parte del país actual hacia mediados del siglo XVI.[9] Contra este telón de fondo milenario, la consolidación de una identidad salsera caleña distinta es un acontecimiento sorprendentemente moderno, que se despliega dentro de la memoria viva y que continúa cambiando. El contraste subraya que lo que a veces se presenta como tradición folclórica intemporal es de hecho un producto cultural reciente, urbano y aún mutante, ensamblado a partir de materiales mucho más antiguos.

El clima político de finales del siglo XX forma una parte ineludible de la historia, incluso allí donde su peso causal preciso se debate. Desde los años 60 en adelante, el país soportó un conflicto armado asimétrico de baja intensidad junto con una recurrente violencia política, ambos intensificándose a lo largo de los años 90.[6] Los comentaristas de la cultura dancística de la ciudad han argumentado con frecuencia que el baile social ofrecía un espacio de placer comunal y continuidad en medio de la inestabilidad, y que el calendario de festivales proporcionaba un contrapeso a la inseguridad. Tales interpretaciones son plausibles y ampliamente sostenidas, pero siguen siendo interpretativas; el registro documental establece el conflicto y su escalada, mientras que la lógica emocional interna que vincula la violencia con el baile acelerado se reconstruye en gran medida a partir del testimonio antes que del archivo.

Un marco musical comparativo aclara lo que hizo distintiva la manera caleña. La salsa tal como se practicaba a lo largo del Caribe y de su diáspora tendía hacia una relación mesurada y ponderada con la clave, con un fraseo que dejaba a las parejas espacio para elaborar vueltas y movimiento corporal. El enfoque caleño, en cambio, se describe convencionalmente como uno que privilegia el trabajo de pies rápido e intrincado ejecutado a un tempo elevado, con la parte superior del cuerpo comparativamente contenida y las piernas portando el despliegue. Esta divergencia se entiende mejor como un dialecto regional dentro de la lengua latinoamericana más amplia del baile social, comparable a la manera en que la región más extensa acomoda muchas variantes nacionales bajo un único paraguas cultural definido por la identidad compartida antes que por una práctica uniforme.[4] La relación es de dialectos respecto a una lengua común, no de imitación respecto a un original.

La difusión y recepción del estilo caleño siguen la trayectoria más amplia del país desde el cambio de milenio. Desde el año 2000, Colombia ha experimentado una marcada mejora en seguridad, estabilidad y Estado de derecho, junto con crecimiento y desarrollo económicos.[12] Esta estabilización coincidió con, y posiblemente posibilitó, la proyección internacional de la cultura dancística de Cali a través de festivales, competencias y academias que exportaron al exterior la reputación de velocidad de la ciudad. La misma posición marítima y continental que en otro tiempo hizo de Colombia una receptora de corrientes caribeñas convirtió ahora a Cali en una transmisora, enviando su idioma acelerado hacia afuera, al circuito global de la salsa.[2] El flujo de influencia, antes en gran medida de entrada, se volvió cada vez más recíproco.

El legado de la evolución de la velocidad caleña reside en su demostración de que una ubicación periférica, medida frente a los orígenes isleños de la salsa, podía convertirse en un centro definitorio del género. Apoyándose en la fusión colombiana de herencia africana, europea e indígena, en sus geografías del Pacífico y del Caribe, y en su lugar dentro de una región cultural latinoamericana definida por la identidad compartida, Cali forjó una salsa cuyo sello era la velocidad misma.[3] Que la ciudad sea hoy invocada de manera rutinaria como una capital de la forma da testimonio de cuán a fondo una comunidad local puede reclamar, acelerar y reexportar un arte transnacional.[1] El fenómeno se erige así como un estudio de caso sobre la pertenencia cultural regional, en el que los adjetivos de lugar —como los disputados nombres regionales que los estudiosos han rastreado hasta los debates del siglo XIX— llegan a marcar distinciones de práctica genuinas y duraderas.[7]

Referencias

  1. 1.Colombia: Settlement Patterns | Britannicalead
  2. 2.Colombia | Britannicalead
  3. 3.Colombia | Britannicalead
  4. 4.Latin America | Britannicalead
  5. 5.Colombia | Britannicalead
  6. 6.Colombia's Civil Conflict | Council on Foreign Relationslead
  7. 7.Latin AmericaWikipedia contributors, Wikipedia, lead
  8. 8.Colombia | Britannicalead
  9. 9.Spanish Conquest and Colonial Society: Colombia History | GlobalSecurity.orghistory
  10. 10.Latin America | Britannicalead
  11. 11.The Five Largest Cities in Colombia | Colombia Onelead
  12. 12.Economic and Political Progress as Security Improves | Oxford Business Grouplead
  13. 13.Latin AmericaWikipedia contributors, Wikipedia, etymology
  14. 14.Colombia | Britannicalead