La instrumentación en la salsa
La batería percusiva afrocubana, la clave y las secciones de metales que definen el sonido del género
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En la salsa, la instrumentación es el aparato que convierte una profunda herencia rítmica afrocaribeña en algo audible y bailable. La música nació como música de baile, y sus raíces se hunden en la rural provincia de Oriente, al este de Cuba, y en particular en la región que rodea Santiago de Cuba.[1] Su antecesor más cercano es el son montuno que el director Arsenio Rodríguez consolidó durante los años 40, una forma cuyos ostinatos superpuestos todavía dictan cómo encajan entre sí los instrumentos de la salsa.[2] Bajo ese marco cubano se asientan ritmos esenciales y una sensibilidad cultural traída de África occidental y central, lo que hace del conjunto de salsa menos una tradición única que un encuentro de dos continentes.[3]
El sustrato africano
El cimiento africano de la instrumentación de la salsa es concreto, no metafórico. Pueblos provenientes principalmente del Congo, los yoruba y diversas comunidades bantúes llevaron consigo la polirritmia, el canto de llamada y respuesta, los tambores parlantes y la percusión ritual a través del Atlántico, con Cuba y Puerto Rico como principales puntos de llegada.[4] Unidos a las convenciones melódicas y armónicas españolas, esos elementos ya habían dado lugar al son, la rumba y el mambo mucho antes de que la palabra salsa se adhiriera a banda alguna; así, el instrumentarium de la salsa heredó una práctica percusiva madura, de siglos de profundidad, en lugar de improvisar una desde cero.[5]
La batería percusiva
En el núcleo de la banda moderna de salsa se encuentra una batería percusiva cuya nómina es inusualmente estable. La mayoría de los conjuntos despliegan congas, bongós, timbales, cencerros, maracas y claves, con la marimba y el vibráfono a mano para el refuerzo melódico y de color.[6] Es el emparejamiento de estos instrumentos lo que produce los ritmos entrelazados característicos de la música, una textura moldeada a la vez por la percusión africana y por el contorno melódico del canto cubano.[7] El propósito de esa textura nunca está en duda: la banda dispone sus instrumentos ante todo para hacer música genuinamente apta para bailar.[8]
La clave: la llave y la piedra angular
Ningún instrumento de la batería carga con más peso conceptual que la clave. Es el elemento rítmico más fundamental de la salsa: un patrón fijo y un principio organizador en un mismo gesto.[9] La palabra española significa 'código' o 'llave' y, por extensión, la dovela clave, la piedra en forma de cuña que traba un arco; los músicos invocan esa etimología para describir cómo el patrón mantiene en su sitio al conjunto.[10] La misma palabra nombra las claves propiamente dichas, los dos palos de madera dura que se golpean entre sí para hacerla sonar.[11] Sus cinco golpes forman el núcleo estructural de un gran número de ritmos afrocubanos, tanto populares como folklóricos.[12]
Los músicos de salsa reconocen principalmente dos figuras de clave, la clave de son y la clave de rumba, ambas descendientes de las partes de campana de cinco golpes más comunes del África subsahariana.[13] Cualquiera de ellas puede, en principio, plantearse en un marco de pulso ternario o de pulso binario, pero la salsa recurre casi exclusivamente a la clave de son de pulso binario.[14] La práctica cubana contemporánea anota la figura dentro de un solo compás de 4/4, una elección que pone al descubierto los cuatro tiempos principales cuya interacción impulsa el patrón hacia adelante.[15]
La clave como teoría viva
La clave funciona tanto en calidad de teoría cuanto de sonido. El musicólogo Charley Gerard observó que la sensación de la clave impregna una interpretación incluso cuando nadie hace sonar los palos, una observación que explica por qué el patrón rige incluso los pasajes silenciosos.[16] Todo ostinato que abarca el ciclo de cuatro tiempos guarda una alineación fija con la clave y expresa su carácter rítmico de manera abierta o por implicación, de modo que cada intérprete debe saber con exactitud cómo se sitúa una parte frente a ella.[17] Este cuerpo de teoría de la clave, con su vocabulario especializado, maduró en los años 40, a medida que las grandes orquestas de baile de La Habana y la ciudad de Nueva York crecieron durante la era de las big bands.[18]
La relación entre la clave y la conga muestra el sistema en miniatura y ofrece una señal concreta para cualquier intérprete. El patrón básico de la conga —el tumbao, o marcha— hace sonar slaps y tonos abiertos a lo largo de los contratiempos del compás.[19] El único tono abierto que cae con el tercer golpe de la clave es el ponche, un acento sincopado cuya colocación precisa frente a la clave se considera decisiva para el groove, no incidental.[20]
La forma: del verso al montuno
La instrumentación de la salsa también se organiza por la forma, y el comportamiento del conjunto cambia bruscamente de una sección a otra. La mayoría de las composiciones siguen la plantilla del son montuno: un verso cede paso a un estribillo de llamada y respuesta —el coro-pregón, o montuno—, tras lo cual el montuno por lo general se extiende hasta el final de la pieza.[21] Dentro de ese montuno de final abierto, los arreglistas recortan subsecciones conocidas como mambo, moña, diablo y especial, cada una un vehículo para un despliegue instrumental en aumento.[22] El tempo puede ascender de forma gradual a lo largo del montuno para generar emoción, un recurso que vincula el arreglo moderno con los imperativos más antiguos de la pista de baile.[23]
La palabra "salsa"
Ese imperativo de la pista de baile está alojado en el nombre del género. Salsa, en español, nombra el condimento culinario; el vínculo entre el condimento y la música es objeto de disputa entre los historiadores, pero el musicólogo Max Salazar lo rastreó hasta 1930, cuando el músico cubano Ignacio Piñeiro compuso "Échale salsita."[24] La frase funcionaba como una instrucción gritada a la banda —una exhortación a subir el tempo y exigir más a los bailadores—, lo que sitúa la instrumentación y la intensidad rítmica en el origen mismo del término.[25] Décadas más tarde, en 1965, Johnny Pacheco imprimió la palabra salsa en el álbum "Pacheco Te Invita A Bailar," contribuyendo a fijarla como etiqueta comercial.[26]
Metales, jazz y el sonido Palmieri
Si la percusión es el cimiento de la salsa, los metales de primera línea aportan buena parte de su identidad sonora, y aquí el director neoyorquino Eddie Palmieri resultó decisivo. Al fundar el Conjunto La Perfecta en 1961, en plena moda de la pachanga, Palmieri heredó el formato de charanga, que convencionalmente disponía violines y flauta.[27] Cambió los violines de la charanga por trombones para lograr un ataque más pesado y contundente —una formación que su hermano Charlie apodó la "trombanga"— sobre una sección rítmica de Tommy López en las congas, Manny Oquendo alternando timbales y bongós, y Dave Pérez en el bajo, encabezada por el trombón de Barry Rogers y la flauta de George Castro.[28]
El pensamiento instrumental de Palmieri también importó los métodos del jazz. Sobre la base de la descarga cubana, o jam session, abrió sus arreglos destacando a los integrantes de la banda como solistas prolongados.[29] Su contacto con John Coltrane y el pianista McCoy Tyner —este último una influencia duradera— alimentó una audacia armónica poco común en la música de baile de la época.[30] Incorporó además un ritmo cubano posrevolucionario llamado mozambique, que dio a conocer en un lanzamiento de 1966, el álbum "Mambo Con Conga Is Mozambique."[31] El "sonido Palmieri" resultante reconfiguró el enfoque instrumental de directores más jóvenes, Willie Colón entre ellos.[32]
Un repertorio de muchos géneros
La amplitud de la instrumentación de la salsa refleja la amplitud de los repertorios que absorbió. Más allá del son montuno, la mayoría de los temas de salsa contienen elementos de bomba, plena, cha-cha-chá, bolero, mambo, merengue, pachanga, rumba y son cubano, cada uno adaptado para que un arreglo pueda deslizarse entre ellos sin costura alguna.[33] Por ello los instrumentos y sus convenciones debían ser lo bastante flexibles para articular varios dialectos rítmicos dentro de una sola interpretación, una versatilidad que distingue la orquestación de la salsa de la de cualquiera de sus géneros parentales.[34]
Paralelismos cubanos y alcance global
Mientras la salsa cristalizaba en Nueva York, una modernización paralela del son cubano avanzaba en la isla bajo el nombre de songo, impulsada por Los Van Van, NG La Banda e Irakere, y desarrollándose hacia finales de los años 80 en la timba con grupos como Charanga Habanera.[35] Aunque constreñidos por el embargo de Estados Unidos, estos desarrollos cubanos se agrupan hoy también bajo la etiqueta de salsa, y sus innovaciones instrumentales se reincorporaron al idioma más amplio mediante un intercambio continuo a través del estrecho de Florida.[36]
La instrumentación de la salsa también ha viajado mucho más allá del Caribe y de su diáspora norteamericana. El proyecto discográfico Africando, formado en 1992, emparejó deliberadamente a músicos de salsa radicados en Nueva York con vocalistas de Senegal.[37] La colaboración fue viable porque la salsa había gozado de intensa popularidad en toda África occidental y central desde los años 40 y 50 en adelante, sosteniendo una tradición de salsa africana propia.[38] En álbumes posteriores el grupo reelaboró clásicos populares africanos con ritmos e instrumentación latinos, mostrando cuán portátil y adaptable se había vuelto la maquinaria del conjunto de salsa.[39]
Más allá del salón de baile
La firma instrumental del género incluso se ha filtrado en territorios muy alejados del salón de baile. El Latin metal, un subgénero del heavy metal surgido a lo largo de los años 70 y 80, combina de manera característica voces en español con percusión latina y ritmo derivado de la salsa.[40] El crítico Robert Christgau anticipó tales híbridos cuando describió la producción de Carlos Santana de los años 70 como "Latin-metal pop," una señal temprana de que el vocabulario percusivo de la salsa podía trasplantarse a la instrumentación del rock.[41]
El canon y la constante
Medida por su instrumentación, la salsa resultó a la vez históricamente anclada e infinitamente extensible. La primera banda que se identificó a sí misma como de salsa, Cheo Marquetti y su Conjunto, se formó en Cuba en 1955; el álbum más antiguo en imprimir la palabra en su portada apareció en 1957, de La Sonora Habanera, aunque el estilo alcanzó su pleno florecimiento comercial entre músicos cubanos, dominicanos y puertorriqueños en el Nueva York de los años 70.[42] Figuras como Machito, Celia Cruz, Johnny Pacheco, Willie Colón, Rubén Blades y Héctor Lavoe dieron al conjunto su rostro público canónico.[43] A través de cada una de estas fases, la constante ha sido la propia textura liderada por la percusión: una batería concebida ante todo y en última instancia para mover a los bailadores.[44]
Referencias
- 1.Salsa | Music, Meaning, Definition, Dance, History, & Facts | Britannica — www.britannica.com
- 2.Salsa | Music, Meaning, Definition, Dance, History, & Facts | Britannica — www.britannica.com
- 3.Salsa | Music, Meaning, Definition, Dance, History, & Facts | Britannica — www.britannica.com
- 4.Salsa music — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 5.Salsa music — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 6.Bongo drums | Afro-Cuban, Conga, Timbales | Britannica
- 7.Salsa Musical Instruments
- 8.Salsa Musical Instruments
- 9.Salsa (musical structure) — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 10.Salsa (musical structure) — Wikipedia contributors, Wikipedia
- 11.Claves | Latin American, Percussion, Rhythmic Patterns | Britannica
- 12.Salsa (musical structure) — Wikipedia contributors, Wikipedia
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- 16.Salsa (musical structure) — Wikipedia contributors, Wikipedia, Charley Gerard, quoted in 'Clave' section
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