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Tango Argentino

La música y el baile en pareja del Río de la Plata, desde la periferia porteña hasta el escenario mundial

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El tango argentino es a la vez un género musical y un baile social en pareja —ejecutado en un estrecho abrazo, como un paseo improvisado que se negocia continuamente entre dos cuerpos— que tomó forma a finales del siglo XIX en los arrabales obreros de Buenos Aires y, al otro lado del estuario del Río de la Plata, en Montevideo.[1] Su sonido y su movimiento surgieron juntos en un mundo portuario densamente cosmopolita, donde los ritmos, los instrumentos y las costumbres corporales de inmigrantes europeos, comunidades afrodescendientes y migrantes rurales convergían en los patios de los conventillos y en las esquinas. Mientras que los estilos de salón de la época se codificaron primero en salones refinados, el tango creció a la inversa: una práctica vernácula de la periferia, absorbida solo décadas después por la sociedad respetable y el escenario internacional. Esa doble identidad —música sonada y movimiento corporal ligados entre sí— ha permanecido central en la manera en que los estudiosos definen y estudian la forma.[1]

Orígenes en la periferia porteña

El carácter del tango se comprende mejor a través de la bohemia porteña de comienzos del siglo XX, un mundo de organillos, guitarristas de esquina y verseros de barrio del que la joven música extrajo su voz.[2] Alrededor de 1910, Buenos Aires atravesaba un florecimiento intelectual en el que distintas corrientes estéticas comenzaban a cristalizarse en una poética reconociblemente argentina, y el todavía marginal tango se extendía desde los márgenes urbanos en busca de voces literarias que lo sustentaran.[2] Carlos Gardel, el cantor que se convertiría en el intérprete definitorio del género, ocupa un lugar cercano al centro de esa historia como una figura casi mítica.[2] El resultado fusionó el habla argótica de los arrabales con una musa callejera grandiloquente, otorgando al tango su perdurable mezcla de sentimiento e ironía picaresca.

La poesía del lunfardo

Entre los escritores que otorgaron al género dignidad literaria, Celedonio Esteban Flores (1896–1947) ocupa un lugar fundacional: poeta bonaerense empapado en la noche bohemia cuyos versos en lunfardo se movían entre registros tiernos y moralizantes.[3] Su catálogo —Margot, Mano a mano, Corrientes y Esmeralda, Viejo smoking— retrató las vidas de los humildes habitantes de la ciudad que observaba, y una selección de esa obra fue reunida en la colección de 1929 Chapaleando barro.[3] La elevación del argot callejero a un medio poético respetado ilustra un patrón más amplio: el ascenso del tango desde el entretenimiento marginal hasta convertirse en un vehículo de autodefinición nacional fue impulsado tanto por su poesía cantada como por su música instrumental o su coreografía.[3]

Quién baila tango, y por qué

Como práctica danzada, el tango reposa sobre el estrecho abrazo y sobre un paseo improvisado en tiempo real —una pareja propone, la otra responde— y las ciencias sociales contemporáneas han comenzado a trazar quiénes sostienen la tradición y qué los atrae hacia ella.[4] Una encuesta realizada a 110 practicantes encontró que los bailadores de tango tienden a ser personas con un nivel educativo inusualmente alto y de una condición socioeconómica comparativamente elevada, y que la mayoría se inicia en el baile recién a partir de los treinta años, en lugar de durante la infancia.[4] Su motivación, según el mismo estudio, estaba dominada por factores hedónicos y sociales, que en conjunto explicaban cerca del sesenta por ciento de la varianza medida, mientras que la actividad ofrecía amplia oportunidad para el esfuerzo moderado, la sociabilidad y la recompensa emocional.[4] Según esa evidencia, el tango funciona para muchos de sus practicantes como una actividad de ocio primaria más que como un pasatiempo ocasional.

Música, movimiento y emoción

La intensidad afectiva que describen los bailadores se ha convertido en sí misma en objeto de estudio experimental. Una investigación de 2009 evaluó a veintidós bailadores en cuatro condiciones que variaban sistemáticamente la presencia de música y de una pareja, aislando la contribución independiente de cada uno a la respuesta emocional y hormonal.[5] Este trabajo se inscribe en un marco más amplio sobre cómo el cerebro procesa la música: percibirla involucra el análisis acústico, la memoria auditiva y representaciones premotoras de la acción, y la emoción que suscita puede a su vez modular sistemas efectores que abarcan el sentimiento subjetivo, el sistema nervioso autónomo y las respuestas hormonales e inmunitarias.[6] Al acoplar música pautada a una coordinación física estrechamente concertada entre dos personas, el tango proporciona un estímulo inusualmente rico para examinar cómo el sonido, el movimiento y el sentimiento se entrelazan.[6]

Del Río de la Plata al escenario mundial

El paso del género desde dos ciudades del estuario al reconocimiento mundial queda ejemplificado por su canonización teatral en el extranjero. La producción escénica de 1983 Tango Argentino dramatizó la historia del género y sus numerosas variedades estilísticas para públicos internacionales, contribuyendo a impulsar un resurgimiento del interés a escala mundial durante las últimas décadas del siglo XX.[7] El hecho de que una sola revista pudiera construirse en torno a la diversidad interna de la forma da testimonio de cuánto había viajado el tango desde sus orígenes, abarcando para entonces linajes musicales, dancísticos y cantados distintos, en lugar de un estilo fijo.[1]

En conjunto, estos hilos presentan el tango argentino como una formación cultural estratificada más que como un artefacto único: una música y un baile nacidos juntos en dos capitales rioplatenses, elaborados a través de una profunda tradición de poesía urbana, y sostenidos hoy por comunidades cuyo compromiso los investigadores han hallado duradero e intenso.[1] Los estudiosos aún debaten el peso preciso de las contribuciones inmigrante, afro-rioplatense y criolla en su formación, dado que la documentación del período más temprano es fragmentaria y buena parte de la evidencia reposa en testimonios orales posteriores. Menos discutida es la persistencia de la forma: como práctica de ocio encarnada y como objeto de investigación académica, el tango conserva la capacidad de ligar música, movimiento y emoción en una sola experiencia social.[4]

Referencias

  1. 1.Argentine tangoWikidata contributors, Wikidata
  2. 2.Celedonio Flores - Chapaleando Barro
  3. 3.Tango ArgentinoWikidata contributors, Wikidata
  4. 4.Does partnered dance promote health? The case of tango ArgentinoGunter Kreutz, The Journal of the Royal Society for the Promotion of Health, 2008
  5. 5.Emotional and Neurohumoral Responses to Dancing Tango Argentino: The Effects of Music and PartnerCynthia Quiroga Murcia, Music and Medicine, 2009
  6. 6.Toward a Neural Basis of Music Perception – A Review and Updated ModelStefan Koelsch, Frontiers in Psychology, 2011

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Bailar Editorial Team. (2026). Tango Argentino. Bailar Biblioteca. Recuperado el 17 de junio de 2026, de https://bailar.site/biblioteca/encyclopedia/tango-argentino/overview

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Editor en jefe: Paul Thomas Plawin

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