Bailar

El género y el debate sensual en la bachata

Cómo una forma de canción dominicana marginada se convirtió en un foco mundial de discusión sobre la intimidad, la representación y el baile en pareja marcado por el género

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La bachata surgió en la República Dominicana rural como una forma de canción impulsada por la guitarra, despreciada durante mucho tiempo como «música de amargue», antes de su transformación en el siglo XXI en un baile de pareja de alcance mundial.[1] Dentro de esa expansión global, un subgénero diferenciado, la bachata sensual, provocó una controversia sostenida sobre cómo se disponen los cuerpos, el género y el deseo en la pista social, una controversia que desde entonces ha atraído por igual la atención de etnomusicólogos y estudiosos del género.[2] El debate se sitúa en el punto de encuentro entre la técnica coreográfica y la norma social, y gira en torno a quién dirige, quién sigue, qué significa la cercanía física y si una intimidad intensificada libera a los bailadores que la ejecutan o los constriñe. Comprender el debate exige rastrear la bachata desde sus marginados comienzos caribeños, pasando por su reinvención europea, hasta su condición actual de práctica social casi omnipresente.

El término mismo es anterior al género, pues «bachata» designaba en un principio una reunión informal de patio o una fiesta animada, más que ningún estilo musical en particular.[3] Musicalmente, la forma bebió del romanticismo lánguido del bolero y del impulso rítmico del son cubano, que los guitarristas dominicanos fusionaron superponiendo guitarra acústica y maracas bajo versos cargados de emoción sobre el amor y el anhelo.[4] En el campo, la música sirvió a la clase trabajadora como banda sonora tanto de la penuria como de la celebración, y el prejuicio que la tachó de entretenimiento de clase baja moldeó su recepción durante décadas, hasta que la migración urbana la llevó a las ciudades y, poco a poco, hacia la respetabilidad.[5] Estos orígenes inciden directamente en el posterior debate sobre el género, porque la fijación lírica en el amor, la pérdida y el deseo sexual estableció, mucho antes de que el baile se globalizara, un vocabulario expresivo ya saturado de anhelo heterosexual.[2]

El baile de pareja que acompañaba esta música heredó una división binaria del trabajo en la que los roles de líder y seguidor se asignan convencionalmente según el género, esperándose que los hombres dirijan y las mujeres sigan.[7] Los estudios sobre la forma tratan esta disposición no como una convención técnica neutral, sino como una estructura sociocultural inscrita en la historia del género, una que convierte la pista en un lugar donde los supuestos sobre la masculinidad y la feminidad se vuelven legibles en el movimiento.[2] El estilo dominicano tradicional, con su juego de pies compacto y su contacto intermitente, codificaba estas expectativas de manera comparativamente leve; la controversia se intensificó solo cuando el baile adquirió un subgénero que arrastraba a las parejas a una cercanía sostenida de cuerpo entero.

Ese subgénero, la bachata sensual, se desarrolló en España y no en el Caribe, y las historias orales dentro de la comunidad de baile atribuyen la configuración de su forma temprana a una colaboración en la que participaba la bailarina Judith Cordero —a menudo confundida, en los relatos en línea, con la filósofa estadounidense Judith Butler, sin relación con ella—, mientras que una actuación muy difundida del dúo conocido como Ataca y La Alemana, recordada por los participantes como su primera exhibición de bachata unos quince o dieciséis años antes de relatos posteriores, se rememora como un momento decisivo en su difusión.[6] La bachata sensual reorganizó el baile en torno a una conexión corporal estrecha, sustituyendo la relativa reserva del estilo anterior por ondulaciones del cuerpo, inclinaciones y un contacto prolongado que llevaban a la pareja a un diálogo físico continuo.[8] La propia técnica que definía el nuevo estilo —su insistencia en la conexión a través del torso y el cultivo de una sensualidad expresada hacia afuera— se convirtió en el material en torno al cual cristalizaría el debate sobre el género.[7]

Los análisis académicos sostienen que los bailadores de bachata despliegan activamente nociones de sexualidad, sensualidad, intimidad y autenticidad cultural para promover su oficio y rentabilizar sus técnicas corporales, y que esas técnicas brindan oportunidades para expresar identidades a la vez generizadas y racializadas.[8] Según esta lectura, el estilo sensual no es solo un conjunto de figuras, sino un medio a través del cual los bailadores negocian quiénes se les permite ser, tanto dentro como en contra de las expectativas latinoamericanas y angloamericanas sobre la conducta masculina y femenina. La tesis de TAMU plantea esto como una cuestión de cómo los distintos estilos moldean las experiencias de conexión interpersonal de los bailadores, tratando el cuerpo mismo como el instrumento a través del cual el deseo se señala y se lee.[18]

Buena parte del encuadre académico toma prestado de la filósofa Judith Butler, cuya teoría de la performatividad de género sostiene que la identidad de género se produce mediante, en sus propias palabras, una «repetición estilizada de actos», de modo que la masculinidad y la feminidad se representan continuamente en lugar de expresarse a partir de alguna esencia fija.[9] Aplicado a la bachata, el argumento sostiene que la representación pública y exagerada de dirigir y seguir llama la atención sobre el carácter construido del comportamiento generizado, aun cuando los roles mismos permanezcan convencionalmente ligados al sexo. Una tesis citada en los foros de bailadores va más allá, al afirmar que, si bien los roles de pareja y las técnicas de la bachata están enredados con lo que denomina patriarcado cisheteronormativo, la teatralidad acentuada del baile social también abre espacios cotidianos en los que la performatividad de la masculinidad, la feminidad y la heterosexualidad se vuelve visible y, por tanto, cuestionable.[10]

Este vocabulario académico no ha quedado sin impugnación dentro de la comunidad que describe. Bailadores escépticos han cuestionado si estudiosos alejados de la práctica por décadas pueden juzgar con credibilidad una forma que no bailan; un participante de un foro bromeó con que los expertos pertinentes deberían tener menos de treinta años y observó que la bachata sensual cambia cada par de años y es fundamentalmente transitoria, a diferencia de un objeto de estudio académico estable.[16] Tales reacciones ilustran una fricción recurrente entre el aparato teórico importado de los estudios de género y la experiencia vivida y de rápida evolución de los bailadores sociales, que con frecuencia consideran el encuadre filosófico tanto ajeno como exagerado.

Una cuestión central y no resuelta es si la bachata sensual es, en absoluto, inherentemente sexual. Algunos practicantes insisten en que la proximidad no equivale al sexo, y argumentan que en un baile sensual bien ejecutado los genitales de la pareja no entran en contacto, y que la apariencia de erotismo refleja los supuestos de un observador externo más que la intención de los bailadores.[11] Otros replican que la pura cercanía física de moverse contra una pareja hacia la que se siente atracción se experimenta como ineludiblemente sexual, y que ninguna garantía técnica persuadirá a un observador empeñado en leer el baile de ese modo.[11] El desacuerdo tiene menos que ver con la coreografía que con el marco interpretativo que cada parte aporta al mismo conjunto de movimientos.

La asimetría de género respecto de quién tiene permitido bailar sensualmente con quién complica aún más el panorama. Los observadores señalan que es sumamente raro que dos hombres heterosexuales bailen juntos una bachata sensual genuinamente subida de tono, una renuencia que suscita la pregunta incisiva de por qué, si el baile es de veras no sexual, los bailadores no ejecutan sus figuras más íntimas con todo el mundo, sin importar el género.[12] La misma asimetría aflora en los relatos de mujeres que bailan con mujeres, donde las miradas intercambiadas, el contacto constante y los casi besos pueden generar lo que un crítico describe como una atmósfera hipererótica, lo que sugiere que el registro sensual se activa selectivamente según líneas que siguen el deseo y el género más que la mera técnica.[13] Estos patrones socavan la afirmación de que la sensualidad es una cualidad neutral del movimiento y apuntan, en cambio, a su enredo con la expectativa heterosexual.

Frente a las críticas se alza un cuerpo sustancial de testimonios, gran parte de ellos recogidos etnográficamente, que enmarca la bachata sensual como una fuente de empoderamiento, en particular para las mujeres. La investigación de campo en las comunidades bachateras de Knoxville, Tennessee, y Charlotte, Carolina del Norte, halló que, para las mujeres en particular, el baile permite una expresión de la sensualidad que produce un aumento de la confianza y una sensación de empoderamiento, y que la libertad de exploración individual en la pista afloja la necesidad percibida de roles binarios fijos.[14] Según este relato, el espacio del baile social se convierte en un escenario para la expresión abierta del género, donde los bailadores incurren en lo que la investigación denomina cambio de código, transitando entre representaciones de la identidad socialmente sancionadas y autodeterminadas según lo permitan la música y la pareja.[17] La lente teórica aquí, que se apoya en la afirmación de la etnógrafa Tomie Hahn de que la experiencia encarnada permite a los individuos involucrar sus entendimientos del yo y de la comunidad, trata el baile como un medio para transitar la identidad de género que, de diversas maneras, se alinea con la expectativa social y la contraría.[2]

Sin embargo, la tesis del empoderamiento coexiste de manera incómoda con abusos documentados. Críticos dentro de la escena informan de que la gran mayoría de quienes sufren acoso sexual o conductas sexistas en la pista de bachata son mujeres, y que una noción malentendida de la sensualidad se ha endurecido hasta convertirse en una tendencia tan extendida que algunos bailadores ejecutan comportamientos erotizados casi de forma automática, sin importar el contexto ni el consentimiento.[13] La misma cercanía que un cuerpo de testimonios celebra como liberadora es, según este relato, el conducto por el cual los avances no deseados se cuelan bajo la cobertura de la técnica, lo que expone la brecha entre la autoimagen idealizada del baile y su desigual realidad social.

Las fuerzas comerciales han agudizado estas tensiones en lugar de resolverlas. Un destacado practicante-crítico sostiene que la bachata ha acelerado su demanda de atractivo sexual en los últimos años de forma más agresiva que bailes sociales vecinos como la salsa, el lambazouk o la kizomba, y que la presión nace menos de una intención maliciosa que de la cruda lógica de que el sexo vende, lo que lleva a los promotores a comercializar el baile a través de sus imágenes más erotizadas.[15] El trabajo académico corrobora la dimensión comercial, al observar que los bailadores aprovechan conscientemente la sensualidad y las afirmaciones de autenticidad cultural para promover y rentabilizar sus técnicas corporales, de modo que el propio mercado se convierte en un agente que moldea cómo se representan el género y el deseo.[18] El resultado es un circuito de retroalimentación en el que las expresiones más comercializables de la sensualidad desplazan a otros registros, lo que lleva al mismo crítico a describir el hecho de ver célebres videos de bachata sensual como algo a la vez tedioso y desagradable.[15]

El debate refleja en última instancia la trayectoria más amplia de la bachata, de un género rural estigmatizado a una práctica social transnacional negociada por comunidades lejanas a su fuente dominicana. La música que antaño dio voz a los anhelos de trabajadores marginados viaja ahora por estudios de baile y festivales de todo el mundo, llevando su gramática heredada del deseo heterosexual a entornos que, de diversas maneras, la refuerzan, la parodian y la desmontan.[5] Si la intimidad acentuada del estilo sensual empodera ante todo a las mujeres, las expone ante todo al daño, o sirve ante todo a un mercado ávido de espectáculo, sigue siendo objeto de genuina disputa, y la evidencia disponible no respalda ningún veredicto único.[14] Lo que las fuentes establecen con mayor seguridad es que las convenciones de pareja de la bachata no son ni históricamente fijas ni culturalmente uniformes, y que la pista funciona como un laboratorio en el que la representación del género se escenifica, se observa y se revisa continuamente.[10]

La persistencia del desacuerdo es en sí misma instructiva, pues señala a la bachata como una forma cuyo significado se produce en la práctica y no se fija de antemano. Los estudiosos discrepan sobre cuánto peso conceder al encuadre filosófico, los bailadores discrepan sobre si la cercanía es erótica, y los críticos discrepan sobre si la comercialización ha corrompido o meramente amplificado el giro sensual del género. Estas preguntas no resueltas, más que consenso alguno, constituyen el estado actual del conocimiento, y garantizan que el debate sobre el género seguirá evolucionando con la misma rapidez que los pasos que lo originaron.[16]

Referencias

  1. 1.What is Bachata: A Vibrant Dance from the Dominican Republicbachatasociety.com
  2. 2."Who I Am: Gender, Embodiment, and Code Switching in Bachata Dance Comm" by Holly Tumblintrace.tennessee.edu
  3. 3.What is Bachata: A Vibrant Dance from the Dominican Republicbachatasociety.com
  4. 4.What is Bachata: A Vibrant Dance from the Dominican Republicbachatasociety.com
  5. 5.What is Bachata: A Vibrant Dance from the Dominican Republicbachatasociety.com
  6. 6.Origin of Sensual Bachata | Salsa Forumswww.salsaforums.com
  7. 7."Who I Am: Gender, Embodiment, and Code Switching in Bachata Dance Comm" by Holly Tumblintrace.tennessee.edu
  8. 8.BACHATA DANCE: SEXUALITY, AUTHENTICITY, AND COMMUNITY A Thesis byoaktrust.library.tamu.edu
  9. 9.Bachata dance and gender roles | Salsa Forumswww.salsaforums.com
  10. 10.Bachata dance and gender roles | Salsa Forumswww.salsaforums.com
  11. 11.r/Bachata on Reddit: Explaining bachata to an outsider (sensual/sexual)www.reddit.com
  12. 12.r/Bachata on Reddit: Help me to understand bachata and bachata sensualwww.reddit.com
  13. 13.Sexism in Bachatarolerotation.com
  14. 14."Who I Am: Gender, Embodiment, and Code Switching in Bachata Dance Comm" by Holly Tumblintrace.tennessee.edu
  15. 15.Why I don’t dance bachata anymore (or, the real problems with sensual bachata) – The Perfect Followtheperfectfollow.com
  16. 16.Bachata dance and gender roles | Page 3 | Salsa Forumswww.salsaforums.com
  17. 17."Who I Am: Gender, Embodiment, and Code Switching in Bachata Dance Comm" by Holly Tumblintrace.tennessee.edu
  18. 18.BACHATA DANCE: SEXUALITY, AUTHENTICITY, AND COMMUNITY A Thesis byoaktrust.library.tamu.edu