Bailar

Reggaeton: una visión general

El género caribeño transnacional y sus historias en disputa sobre nación, migración y comercialización

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El reggaeton es un género musical arraigado en el Caribe hispanohablante y sus diásporas, y los estudios que lo toman en serio lo tratan menos como un sonido único que como una narrativa en disputa.[1] El recuento académico más sostenido enmarca el género a través de lo que uno de sus principales historiadores llama la política cultural de la nación, la migración y la comercialización, y traza un movimiento desde la música negra hacia un reggaeton latino comercializado.[2] Ese encuadre importa porque se resiste a cualquier punto de origen nítido e insiste, en cambio, en que el género se ensambló a través de las fronteras y se reconfiguró cada vez que cruzaba una. El resultado es un cuerpo de trabajo que lee el reggaeton como, a la vez, una música popular, un baile y un argumento sobre la raza y la pertenencia en las Américas.[3]

La columna geográfica de esa narrativa comienza en Panamá y no en los lugares que la mayoría de los oyentes casuales esperaría, y varios estudiosos han trabajado para evitar que Panamá quede borrado de la historia.[4] Los estudios sobre el reggae en Panamá describen una cultura de reggae en español que echó raíces entre las comunidades panameñas afrodescendientes, y las historias orales recogidas del artista Renato se han empleado para recuperar los orígenes panameños del reggae en español.[5] Dado que los recuentos comerciales contemporáneos suelen destacar a estrellas puertorriqueñas posteriores, esta capa panameña más temprana es precisamente la parte del registro que los editores se han sentido obligados a defender.[6] La insistencia en "colocar a Panamá en la narrativa del reggaeton" es, por tanto, tanto una afirmación histórica como política acerca del crédito y el borrado.[4]

Desde Panamá la historia se desplaza hacia afuera siguiendo las rutas migratorias, y la carrera de El General ha servido a los estudiosos como una ilustración compacta de esa circulación.[7] Su trayectoria se ha narrado como un paso de Panamá a Nueva York y de vuelta, un circuito que capta cómo las primeras formas del género viajaron con sus intérpretes en lugar de permanecer fijas en una sola escena nacional.[7] Este énfasis en el movimiento distingue la historiografía del reggaeton de las narrativas que ubican un género en una única ciudad fundacional. En cambio, el propio circuito diaspórico, que vincula las patrias caribeñas con los barrios de inmigrantes norteamericanos, se convierte en el verdadero hogar del género.[3]

Puerto Rico entra en el recuento con mayor fuerza a mediados de los años 90, cuando una escena underground de rap y reggae atrajo la atención de las autoridades.[8] Un estudio muy citado examina la vigilancia de la moral al estilo de la mano dura, y documenta cómo el underground fue tratado como un problema de orden público en Puerto Rico durante esa década.[8] El choque entre una música juvenil emergente y una respuesta estatal contundente le dio al género una temprana reputación de transgresión que la comercialización posterior tanto explotaría como suavizaría. En este sentido, el capítulo puertorriqueño del reggaeton se asemeja a pánicos morales anteriores en torno al hip-hop, aun cuando sus términos específicos fueran locales.[9]

La relación con el hip-hop es uno de los problemas analíticos recurrentes en la literatura, y al menos un autor la plantea como una pregunta más que como un hecho establecido.[9] Al preguntar si el paso "del hip-hop al reggaeton" equivale solo a un paso, ese argumento indaga cuánto comparten ambos géneros en ritmo, postura y actitud lírica, y cuánto los separa.[9] La comparación funciona en ambos sentidos: el reggaeton tomó prestada la entrega vocal y la autopresentación del hip-hop, pero también arrastró herencias caribeñas del reggae y el dancehall que el hip-hop no tenía.[2] Tratar la conexión como una pregunta evita que el género se reduzca a una imitación en español de una forma anglófona.[3]

La República Dominicana y su diáspora aportan otra hebra distinta, centrada en cuestiones de identidad y raza.[10] Las reflexiones sobre la identidad dominicana, la raza y el reggaeton consideran cómo los dominicanos se posicionaron dentro de un género a menudo codificado como puertorriqueño, y cómo el reggaeton se convirtió a su vez en un espacio para negociar la negritud.[10] Dado que el discurso racial dominicano tiene su propia historia conflictiva, el género ofreció un vocabulario cargado tanto para reclamar como para impugnar la pertenencia afrocaribeña. Este capítulo dominicano subraya el argumento académico más amplio de que el reggaeton nunca fue propiedad de una sola isla.[3]

Cuba aporta otra variante más, una en la que la política del género quedó explícitamente enredada con el Estado.[11] El trabajo sobre la política del baile en La Habana coloca el reggaetón junto al rap y se pregunta cómo les fue a ambos bajo las condiciones culturales cubanas, donde las instituciones oficiales ejercían un control considerable sobre la cultura pública.[11] El caso cubano es comparativo por naturaleza: muestra el mismo género comportándose de manera distinta bajo una economía política diferente a la de las escenas impulsadas por el mercado de Puerto Rico o Miami. El reggaeton en La Habana puso así a prueba hasta qué punto una música juvenil transnacional podía ser domesticada o constreñida por un régimen particular.[3]

El material cubano también conduce directamente a la preocupación central del género por el cuerpo, dado que el reggaeton se baila tanto como se escucha.[12] Un análisis sobre bailar reggaeton, el género y la sexualidad en Cuba lee el baile mismo como un texto, y examina cómo las parejas negocian la cercanía, los roles de género y el despliegue erótico en la pista.[12] La frase empleada para describir esta coreografía de contención y sugerencia, bailar con la ropa puesta, capta cómo la forma coreografía la sexualidad sin desnudez. La atención al baile corrige cualquier recuento puramente musical, pues para muchos participantes el género es inseparable de cómo se mueve uno con él.[12]

La cuestión de género reaparece como un tema estructurante en los estudios sobre la autoimagen masculina del género musical.[13] Un ensayo describe al residente hipermasculino del reggaeton, y analiza la figura masculina fanfarrona que dominó muchas grabaciones y videos y se pregunta qué trabajo cultural realizaba esa figura.[13] Esta hipermasculinidad no era incidental, sino constitutiva de la temprana imagen comercial del género, y provocó una crítica sostenida. La literatura trata la figura masculina como una posición que debe interrogarse más que celebrarse sin más.[3]

Frente a ese telón de fondo, la prominencia de Ivy Queen adquiere un significado particular, pues se convirtió en la mujer más visible del género.[14] Un ensayo reflexivo reúne a Ivy Queen con otros interlocutores para llevar el reggaetón aparte y someterlo a un escrutinio filosófico, y trata su carrera como un punto de observación sobre la política de género del reggaeton.[14] Su presencia complicó el marco hipermasculino al demostrar que las mujeres podían imponer autoridad dentro de los códigos vocales y performativos del reggaeton. En consecuencia, los estudiosos la leen como una excepción y, a la vez, como un correctivo a la corriente dominante dominada por hombres.[13]

Estados Unidos, y Miami en particular, conforma otro nodo donde el reggaeton se mezcló con estilos urbanos adyacentes.[15] Un estudio de la escena urbana de Miami examina lo que denomina crunkiao y la categoría más amplia de la "música en español", y traza cómo el reggaeton entró y alteró un mercado ya moldeado por el hip-hop sureño.[15] El encuentro produjo formas híbridas y nuevas etiquetas comerciales, lo que ilustra una vez más que el género cambiaba con cada escena a la que se incorporaba. Miami funciona así en la literatura como un laboratorio para la comercialización norteamericana del reggaeton.[2]

Artistas individuales anclan las afirmaciones del género sobre la raza, y Tego Calderón destaca por poner en primer plano el orgullo negro.[16] Su contribución a los estudios se enmarca en torno a una afirmación explícita de la negritud, y posiciona el reggaeton como un vehículo para la autoafirmación afropuertorriqueña y, más ampliamente, afrolatina.[16] Este énfasis vincula el género de nuevo con la herencia de la música negra con la que abre el recuento académico, y cierra un circuito entre la actuación callejera y la política racial.[2] La postura de Calderón muestra cómo el reggaeton podía portar un mensaje conscientemente antirracista aun cuando se vendía masivamente.[3]

Las ambiciones líricas del género alcanzan su extremo más analizado en la obra de Calle 13, cuyas letras se han leído como un desarrollo distintivo y consciente de la forma.[17] Un ensayo sobre lo que denomina las letras posreggaetónicas de Calle 13 trata al grupo como impulsor del lenguaje del género hacia la provocación y la autoconciencia literaria.[17] Ese prefijo "pos" señala la sensación de que el género había madurado lo suficiente como para comentarse a sí mismo y tensar sus propias convenciones. Calle 13 marca así un momento posterior en el que el reggaeton se convirtió en un medio para la sátira y la crítica social, además del baile.[3]

En conjunto, estas hebras explican por qué los estudios se resisten a un origen único o a un significado único para el reggaeton.[3] El arco que va de la música negra a un reggaeton latino comercializado describe un género que comenzó en comunidades afrocaribeñas panameñas y puertorriqueñas y que se comercializó progresivamente a medida que se difundía.[2] Su historia es comparativa por necesidad, pues el mismo beat se comportó de manera distinta en San Juan, Santo Domingo, La Habana, Nueva York y Miami. Lo que une a la literatura es la convicción de que la historia del reggaeton es una de migración y propiedad en disputa, un género musical cuya definición siempre ha sido tanto un argumento como un sonido.[1]

Referencias

  1. 1.reggaetonWikidata contributors, Wikidata
  2. 2.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Marshall, opening chapter
  3. 3.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009
  4. 4.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Marshall, editor's notes
  5. 5.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Twickel; Nwankwo interview with Renato
  6. 6.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009
  7. 7.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Twickel interview with El General
  8. 8.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Rivera chapter
  9. 9.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Romero Joseph chapter
  10. 10.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Pacini Hernandez chapter
  11. 11.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Baker chapter
  12. 12.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Fairley chapter
  13. 13.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Nieves Moreno chapter
  14. 14.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Vazquez chapter
  15. 15.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Davila chapter
  16. 16.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Calderón, 'Black pride'
  17. 17.ReggaetonRivera, Raquel Z, 2009, Negrón-Muntaner chapter