Bailar

Trío Matamoros

El trío santiaguero que llevó el son cubano de la tradición de la trova al escenario internacional

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El Trío Matamoros figura entre las agrupaciones fundacionales del son cubano, la forma cancionística liderada por la guitarra que cuajó en la provincia oriental de Oriente durante las primeras décadas del siglo XX.[1] Catalogado en las obras de referencia simplemente como un grupo cubano, ocupa, sin embargo, un lugar desproporcionado en la historia del género, erigiéndose como una corriente paralela a los sextetos y septetos de La Habana, pero firmemente arraigado en Santiago de Cuba.[18] Mientras que muchos grupos de son de los años 20 preferían una instrumentación ampliada, la agrupación Matamoros construyó su reputación sobre un formato escueto de trío y sobre el oficio cancionístico culto de su líder.[13] El linaje de la trova de trovadores guitarristas itinerantes y el son en vías de comercialización se encontraron en el repertorio del grupo, que se movía con fluidez entre el bolero íntimo y el son bailable.[6]

Santiago de Cuba, la capital oriental donde se formó el trío, fue un crisol de cultura afrocaribeña moldeado por la migración haitiana, las comparsas de carnaval y una densa red de clubes sociales cuya vida musical nutrió el desarrollo más amplio de la canción cubana.[3] El son que allí creció llevaba una inflexión distinta a la de la variante habanera, conservando vínculos más estrechos con la trova rural y la serenata a base de guitarra.[6] El sonido Matamoros preservó ese carácter oriental aun cuando el grupo realizaba giras por la capital y el extranjero, convirtiéndolo en un embajador de la sensibilidad musical de Oriente dentro de un género que entonces se reclamaba como nacional.[3]

El grupo se conformó en 1925 y originalmente actuaba bajo el nombre de Trío Oriental, una denominación que anunciaba sus raíces provinciales del oriente cubano.[1] Sus tres integrantes eran todos oriundos de Santiago de Cuba: Miguel Matamoros, nacido en mayo de 1894; Rafael Cueto, nacido en marzo de 1900; y Siro Rodríguez, nacido en diciembre de 1899.[4] Cada uno cantaba y componía, una concentración inusual de autoridad creativa que distinguía al trío de las agrupaciones construidas en torno a una sola figura central.[19] Matamoros y Cueto se ocupaban de las guitarras, mientras que Rodríguez aportaba las maracas y las claves que anclaban el ciclo rítmico del son basado en la clave.[2]

El cambio de Trío Oriental a Trío Matamoros se produjo en 1928, motivado por el descubrimiento de que otro grupo ya llevaba el nombre Oriental.[5] Al adoptar el apellido de su principal compositor, la agrupación fijó su identidad en torno a Miguel Matamoros en el preciso momento en que el son cubano entraba en su primer auge comercial.[5] El rebautizo coincidió con una consolidación más amplia del género, en tanto que los sellos discográficos y los circuitos de gira comenzaron a tratar el son no como una curiosidad regional, sino como una música nacional y exportable.[3]

Miguel Matamoros, que vivió de 1894 a 1971, fue el centro creativo de la empresa y uno de los compositores más productivos que dio el género.[15] Los relatos de referencia le atribuyen un éxito temprano, «El que siembra su maíz» —un dicho sobre cosechar lo que se siembra—, seguido de composiciones perdurables como «Lágrimas negras» y «Son de la Loma».[16] Estas canciones, que combinan una economía lírica de carácter proverbial con calidez melódica, entraron en el repertorio común de los cantantes latinoamericanos y siguen estando entre las piezas más interpretadas del canon del son y el bolero.[16] Su autoría dotó al trío de un catálogo que se renovaba a sí mismo y que no dependía de compositores ajenos.[16]

En lo estilístico, el trío trabajaba la juntura entre el bolero y el son, las dos formas que dominaron la canción popular cubana en el período de entreguerras.[6] El bolero aportaba baladas lentas y románticas construidas sobre una armonía guitarrística de raíz española, mientras que el son contribuía con el montuno de llamada y respuesta y el empuje percusivo afrocubano de la clave y las maracas.[6] La disposición vocal e instrumental de los Matamoros —por lo común dos guitarras bajo una armonía vocal estrechamente entrelazada— se convirtió en un modelo que los grupos posteriores de trova y son imitarían.[13] Los contemporáneos destacaban la mezcla de las tres voces y la calidad de las letras como las virtudes definitorias del grupo.[13]

En comparación con el Sexteto y el Septeto Habanero de La Habana o el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, el grupo Matamoros representaba un enfoque más escueto y centrado en la canción dentro del mismo género.[3] Mientras que los septetos de la capital añadían trompeta, tres y bongó para animar a los bailadores, el trío santiaguero ponía en primer plano las voces entretejidas y dos guitarras, una configuración más cercana a la trova que a la orquesta de baile.[2] Ambas corrientes alimentaron la estilización nacional del son, pero la línea Matamoros demostró la adaptabilidad de la música a formatos pequeños y portátiles.[14]

Desde su base en Oriente, el trío se convirtió en un acto de gira internacional, actuando por toda América Latina y Europa y grabando en Nueva York, entonces el principal centro de estudios de grabación para la música caribeña destinada al mercado de la diáspora.[7] Las sesiones neoyorquinas situaron al grupo dentro de la misma economía de grabación que llevó el son cubano a los públicos mexicanos, puertorriqueños y norteamericanos durante la era de los discos de 78 rpm.[7] Tal movilidad era inusual para una agrupación cubana de provincia y contribuyó a sembrar la difusión internacional del son mucho antes de los auges del mambo y la salsa de mediados de siglo.[3]

Entre las grabaciones documentadas del trío está «El desastre del Morro Castle», registrada en 1934 en respuesta al incendio del transatlántico de pasajeros estadounidense frente a la costa de Nueva Jersey.[8] Se le atribuye al grupo haber sido el primero en conmemorar el desastre en una canción, un ejemplo del son y la trova funcionando como una suerte de periodismo cantado que absorbía los acontecimientos del momento dentro del repertorio popular.[8] La grabación de actualidad ilustra cómo la canción cubana de los años 30 servía tanto de comentario y crónica como de música de baile.[6]

La agrupación también funcionó como plataforma para otros cantantes de la época.[9] En 1940, el estilista de la guajira Guillermo Portabales se presentó con el trío, una de varias colaboraciones de invitados que vincularon el nombre Matamoros a la red más amplia de vocalistas cubanos que entonces circulaban entre la isla, México y Nueva York.[9] Estas colaboraciones reflejaban la plantilla fluida típica de las agrupaciones de son, cuyas formaciones se expandían y contraían según las exigencias de las giras y las grabaciones.[14]

La expansión más trascendental del trío llegó cuando creció hasta convertirse en un conjunto más grande para una actuación en México, reformulando el escueto formato de tres hombres como una agrupación más completa.[10] Para ese Conjunto Matamoros, el grupo reclutó al joven Beny Moré, quien cantó con la agrupación de 1945 a 1947 antes de lanzar la carrera solista que lo convertiría en uno de los vocalistas más célebres de Cuba.[10] La posterior canonización de Moré en la literatura sobre la música cubana subraya el papel del trío como incubadora de grandes talentos.[11] La estancia mexicana también ejemplificó el estrecho tráfico musical entre Cuba y la Ciudad de México, entonces un imán para los intérpretes caribeños.[3]

A lo largo de casi cuatro décadas de actividad, el grupo se reorganizó en repetidas ocasiones, apareciendo de diversas formas como cuarteto, septeto y orquesta completa mientras conservaba el nombre Matamoros.[14] Esta elasticidad le permitió a la agrupación seguir el ritmo de los gustos cambiantes de la vida comercial del son, desde las íntimas grabaciones de trío de los años 20 hasta los formatos más grandes de banda de baile que preferían los públicos de mediados de siglo.[14] La disposición a ampliar y reducir el formato distinguió a la empresa Matamoros de los grupos que permanecían fijos en una sola instrumentación.[2]

La producción del grupo fue vasta y abarcó los principales formatos de su tiempo, desde numerosos discos de 78 rpm hasta los discos de larga duración, con partes reeditadas más tarde en disco compacto para las generaciones siguientes.[12] Este legado grabado es el principal medio por el cual sobrevive el sonido del trío, dado que no perdura ninguna práctica de interpretación en vivo de la formación original.[12] La amplitud del catálogo convirtió el repertorio Matamoros en un punto de referencia duradero para el resurgimiento internacional del son de finales del siglo XX.[3]

Los estudiosos y las obras de referencia sitúan al Trío Matamoros entre los actos decisivos en el ascenso del son como música nacional cubana.[14] Su modelo de guitarras y voces ofreció una alternativa a los septetos de corneta y tres de La Habana, demostrando que el género podía prosperar en un lenguaje de escala camerística y centrado en la canción con la misma facilidad que en el salón de baile.[2] En los estudios generales estándar sobre la música cubana, el grupo aparece junto a los demás arquitectos del género, una medida de su posición canónica.[3]

Las grabaciones de bolero del trío también alimentaron la evolución posterior de la canción romántica cubana, incluidos el movimiento del filin y el resurgimiento del bolero que floreció después de mediados de siglo.[6] Al demostrar que el son y el bolero podían compartir una sola agrupación basada en la guitarra, el grupo ayudó a normalizar el emparejamiento de ritmo de baile y lirismo de balada que caracteriza a buena parte del repertorio cubano y panlatino posterior.[13] Sus canciones pasaron a manos de innumerables intérpretes, desde renovadores de la trova hasta arreglistas de salsa, extendiendo la influencia Matamoros a través de géneros que el propio grupo nunca interpretó.[16]

El trío original resultó inusualmente duradero, ya que sus tres miembros fundadores permanecieron juntos durante unos treinta y cinco años.[17] El grupo anunció su disolución en mayo de 1961, tras haber ofrecido su último concierto en Nueva York el año anterior, un cierre que coincidió con las convulsiones de la Cuba revolucionaria y la reordenación de las instituciones culturales de la isla.[17] Que la agrupación haya sobrevivido a tantos contemporáneos da fe de la estabilidad de su sociedad creativa y de la continua demanda de su repertorio.[13]

La longevidad de la sociedad se refleja en las biografías de sus integrantes.[2] Miguel Matamoros murió en 1971; Rafael Cueto vivió hasta 1991; y Siro Rodríguez murió en 1981 en Regla, cerca de La Habana.[4] Cada uno había pasado la mayor parte de su vida artística dentro de una sola agrupación, una continuidad excepcional en una industria musical marcada por las frecuentes reagrupaciones.[19]

El Trío Matamoros dejó un doble legado, como un cuerpo de canciones frecuentemente versionadas y como un modelo de son basado en el trío que moldeó a los grupos cubanos posteriores.[16] Composiciones como «Lágrimas negras» y «Son de la Loma» se convirtieron en estándares interpretados mucho más allá de Cuba, mientras que la reputación del grupo perduró en la historiografía del género.[16] Los estudios sobre la música cubana siguen citando a la agrupación entre las figuras centrales de la tradición del son, asegurando su posición en la narrativa fundacional del género.[3]

En suma, el Trío Matamoros ocupa una posición fundamental entre la trova de finales del siglo XIX y el son internacional del XX, traduciendo la canción trovadoresca de Oriente en un arte grabado y de gira.[1] Su énfasis en la armonía vocal, las letras cultas y un formato de agrupación flexible le dio al son cubano uno de sus modelos más influyentes.[13] La combinación de un prolífico líder-compositor, un núcleo de integrantes estable y una adopción temprana de la grabación internacional explica por qué el grupo sigue siendo un punto de referencia en cualquier relato de la formación del género.[14]

Referencias

  1. 1.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  2. 2.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  3. 3.The rough guide to Cuban musicSweeney, Philip, 2001, Contents and cited-artists index
  4. 4.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  5. 5.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  6. 6.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  7. 7.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  8. 8.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  9. 9.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  10. 10.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  11. 11.The rough guide to Cuban musicSweeney, Philip, 2001, Cited-artists index
  12. 12.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  13. 13.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  14. 14.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  15. 15.Miguel MatamorosWikidata contributors, Wikidata
  16. 16.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  17. 17.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia
  18. 18.Trio MatamorosWikidata contributors, Wikidata
  19. 19.Trio MatamorosWikipedia contributors, Wikipedia