Conceptos erróneos comunes sobre el reggaeton
Cómo se acumulan en torno a un género creencias falsas pero duraderas, y cómo la tradición correctiva busca desalojarlas
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La expresión «conceptos erróneos comunes» designa menos un cuerpo de conocimiento asentado que una categoría editorial y epistémica, una que las compilaciones de referencia reúnen con el fin de corregir creencias ampliamente sostenidas pero demostrablemente falsas.[1] Aplicada a una forma musical popular como el reggaeton, la categoría agrupa los errores recurrentes que circulan en la conversación informal, el periodismo y los comentarios en línea acerca de los inicios de la música, su estructura y su significado social. La empresa correctiva difiere notablemente de la crítica ordinaria, pues no propone tanto una interpretación como aísla una afirmación falsa concreta y despliega contra ella el registro documental. Como tales errores tienden a crecer a partir de la sabiduría convencional, el estereotipo heredado y la popularización de una historia poco fiable, un género que surgió entre las comunidades urbanas marginadas del Caribe de finales del siglo XX los acumula con notable rapidez.[2]
La forma correctiva conlleva convenciones que conviene establecer antes de examinar cualquier error concreto. En la tradición de referencia de la que desciende este registro, cada entrada se compone como una refutación, de modo que el concepto erróneo queda implícito a través de su corrección en lugar de anunciarse como afirmación destacada.[3] Las entradas se mantienen asimismo deliberadamente breves, y funcionan como resúmenes compactos que remiten al lector a un tratamiento más completo en los artículos principales sobre el tema en vez de agotar el asunto en el acto.[4] Esta contención distingue al género de la polémica, donde la creencia en disputa se coloca en primer plano y se ataca; aquí la idea falsa sobrevive solo como la premisa silenciosa que la corrección desmantela con discreción, una estructura que determina cómo pueden abordarse los mitos del reggaeton sin amplificarlos.
Los orígenes del concepto erróneo están, en sí mismos, razonablemente bien cartografiados, y se ajustan al caso del reggaeton sin mayor dificultad. Las creencias ampliamente sostenidas pero falsas brotan habitualmente de la sabiduría convencional, del poso de los cuentos de viejas, del estereotipo, de la superstición y de la falacia lógica sin más.[5] Cada uno de estos cauces es visible en el discurso popular que rodea al género, donde las suposiciones heredadas en lugar de examinadas se endurecen hasta convertirse en hecho admitido. Una mirada comparativa resulta instructiva: así como un remedio popular pasa de una generación a la siguiente sin escrutinio, un estereotipo sobre una escena musical pasa de un comentarista al siguiente del mismo modo acrítico, y adquiere una autoridad que nunca ganó mediante la evidencia.
Una segunda fuente de error reside en la incomprensión de los asuntos técnicos y en la popularización de la pseudociencia y la pseudohistoria.[6] Para un género cuyos orígenes implican intercambios diaspóricos superpuestos, este mecanismo es especialmente potente, porque una historia de fondo ordenada pero inventada es más fácil de repetir que una enredada y disputada. Un concepto erróneo frecuente dota así al reggaeton de un único y pulcro punto de origen, una fecha de fundación clara y un progenitor solitario, cuando la realidad histórica es la de una difusión gradual y multisituada que ningún relato aislado capta; el atractivo de la historia simplificada es precisamente el atractivo que la pseudohistoria ejerce siempre sobre la cronología rigurosa.[7]
El cauce más decisivo para el presente tema, sin embargo, es aquel en que los conceptos erróneos operan como leyendas urbanas y, en palabras de la propia literatura de referencia, «pueden contribuir a pánicos morales».[8] La historia de la recepción del reggaeton hasta comienzos de los años 2000 ofrece un ejemplo de manual, pues el género se trató ampliamente como un peligro social en lugar de como un desarrollo musical, y las narrativas alarmistas que lo rodearon llevaban las marcas estructurales del pánico moral mucho más que las marcas de un daño documentado. La lección que extrae la tradición correctiva es general: una creencia que asusta viaja más rápido que una creencia que solo informa, y el miedo confiere a las afirmaciones falsas una durabilidad que la evidencia por sí sola rara vez otorga.
Sobre este trasfondo analítico, los conceptos erróneos concretos se resuelven en tipos reconocibles. Un concepto erróneo frecuente trata al reggaeton como un estilo único e indiferenciado, y aplana un campo de enfoques regionales, linajes de producción y modos líricos hasta reducirlo a un supuesto sonido único. Tal aplanamiento es obra del estereotipo, que la literatura sobre conceptos erróneos identifica como un motor permanente de la creencia falsa, y que sustituye las distinciones pacientes que exigiría la escucha real por una generalización cómoda.[9] El punto comparativo es que las caracterizaciones monolíticas se adhieren con mayor facilidad a las músicas asociadas a comunidades ajenas, donde el oyente dominante es el menos inclinado a percibir la variedad interna.
Un concepto erróneo afín confunde al reggaeton con todo ritmo urbano caribeño y latino adyacente, y trata al género y a sus vecinos como intercambiables. La confusión de categorías de esta índole es un desliz lógico exactamente del tipo que engendra factoides, pues razona de la semejanza superficial a la identidad e ignora los rasgos distintivos que los propios practicantes consideran decisivos.[10] El error refleja un patrón conocido en el que fenómenos vagamente relacionados se fusionan porque el observador carece del vocabulario, o de la inclinación, para separarlos; la corrección no consiste en negar el parentesco entre formas vecinas, sino en insistir en que el parentesco no es identidad.
Los relatos populares afirman a veces que el género no exige técnica real alguna, que su fundamento rítmico es simple hasta la trivialidad y que su ejecución es, por tanto, una cuestión de actitud antes que de oficio. También esta creencia desciende del estereotipo y no del análisis, y repite la tendencia largamente establecida a negar seriedad técnica a las músicas vernáculas y orientadas al baile.[11] La observación correctiva es tan metodológica como musical: una afirmación de trivialidad rara vez se sustenta en una demostración y casi siempre se hereda como sabiduría convencional, que es una de las fuentes documentadas de las que surgen los conceptos erróneos en primer lugar.
Otros conceptos erróneos atañen al contenido y al carácter antes que a la forma. Uno sostiene que el mundo lírico del género es uniforme y estrecho, suposición que borra la diversidad de tema y de registro que un examen más completo revela, y que ejemplifica cómo una única impresión saliente puede sustituir, falsamente, a una obra entera. Otro, frecuentemente hallado, presenta al reggaeton como una novedad efímera destinada a desvanecerse, predicción que el paso de las décadas ha contradicho de manera sostenida. Ambas creencias ilustran el modo en que una generalización confiada, no contrastada con la evidencia, se osifica hasta convertirse en un factoide que sobrevive a su propia verosimilitud, precisamente el proceso que la literatura correctiva existe para interrumpir.[12]
Otro concepto erróneo enmarca el éxito comercial del género como prueba de inautenticidad, como si la popularidad y la integridad estuvieran necesariamente opuestas. El razonamiento es una falacia reconocible, y su persistencia se debe más a una suposición romántica sobre la marginalidad que a principio alguno examinado; la corrección se limita a señalar que la inferencia de «muy vendido» a «artísticamente vacío» carece de fundamento, y que la suposición es en sí misma una pieza de sabiduría convencional de la clase que genera error de manera fiable. La historia musical comparada ofrece numerosos paralelos en los que a una forma popular antaño desprestigiada se le concedió seriedad retrospectivamente, lo que sugiere que los juicios presentes de inautenticidad deberían sostenerse de manera provisional en lugar de afirmarse como hecho.
La organización misma de la literatura sobre conceptos erróneos aclara por qué estos errores específicos del reggaeton se agrupan como lo hacen. Las compilaciones de referencia clasifican sus correcciones por grandes dominios, y mantienen estudios distintos para las artes y la cultura, para la historia y para la ciencia y la tecnología, una disposición que sitúa los mitos de un género musical dentro del campo más amplio del concepto erróneo cultural en lugar de tratarlos como sui generis.[13] La ubicación es en sí misma instructiva, porque implica que los errores que rodean al reggaeton no le son peculiares, sino que son casos de patrones observables en todas las artes, donde los mitos de origen, las disputas de autenticidad y los desdenes hacia el oficio vernáculo recurren con una regularidad previsible.
La persistencia de tales creencias, por último, es un rasgo documentado y no un accidente, y atempera cualquier expectativa de que la corrección por sí sola las desaloje. Los estudios sobre el error popular han observado que ciertos mitos perduran mucho después de su refutación, una durabilidad recogida en el título de un estudio que describe "the science myths that will not die", y la misma terquedad se adhiere a los conceptos erróneos culturales y musicales.[8] La disciplina correctiva procede, por tanto, con propósitos modestos: documenta el registro, enmarca el error de manera implícita, mantiene breves sus resúmenes y remite al lector hacia adelante, aceptando que la repetición de una falsedad a menudo supera en velocidad a su refutación.[4]
La recepción y el legado del reggaeton no pueden, por consiguiente, separarse de los conceptos erróneos que lo han ensombrecido, pues tanto los encuadres alarmistas de sus primeros años como los encuadres desdeñosos de su valor musical moldearon el modo en que las instituciones, la crítica y los oyentes ocasionales recibieron por primera vez el género. Lo que aporta la tradición correctiva no es un veredicto sobre el mérito de la música, sino un método para distinguir la suposición heredada del hecho establecido, un método que nace del reconocimiento de que las creencias ampliamente aceptadas y las verdades demostrables no son lo mismo.[1] Leído a través de esta lente, el estudio de los conceptos erróneos comunes del reggaeton se vuelve menos una defensa del género que un caso de estudio sobre cómo las culturas fabrican, transmiten y, en ocasiones, corrigen las falsas certezas que sostienen acerca de la música que no se han molestado en comprender.[2]
Referencias
- 1.List of common misconceptions — Wikipedia contributors, Wikipedia, Common misconceptions (definition)
- 2.List of common misconceptions — Wikipedia contributors, Wikipedia, Origins of misconceptions
- 3.List of common misconceptions — Wikipedia contributors, Wikipedia, Editorial convention
- 4.List of common misconceptions — Wikipedia contributors, Wikipedia, Form of entries
- 5.List of common misconceptions — Wikipedia contributors, Wikipedia, Sources
- 6.List of common misconceptions — Wikipedia contributors, Wikipedia, Sources
- 7.Bad Bunny says reggaeton is Puerto Rican, but it was born in Panama | The Conversation — Sources (pseudohistory)
- 8.The Science Myths That Will Not Die (Nature News, Scudellari) | BioEd Online — Urban legends and moral panics; persistence
- 9.Stereotype | Britannica — Sources (stereotypes)
- 10.List of common misconceptions — Wikipedia contributors, Wikipedia, Sources (logical fallacies)
- 11.List of common misconceptions — Wikipedia contributors, Wikipedia, Sources (stereotypes)
- 12.The History of Reggaeton | Latinolife — Further reading
- 13.List of common misconceptions — Wikipedia contributors, Wikipedia, Lists